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lunes, 6 de enero de 2014

Meditacion Matinal Menores 2014 | En la Cima | Enero - Febrero 2014 | Lecturas Devocionales para Menores 2014 | Online


Ahora podrás leer los matinales por este Blog ya que estaremos publicando día a día, mes a mes cada historia de reflexión.
Dejamos a su disposición las Meditaciones Matinales de Menores para este mes de Enero 2014.


ENERO DE 2014: (Haga clic en el día)
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FEBRERO DE 2014: (Haga clic en el día)
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01 DE ENERO

EN SUS MARCAS, LISTOS. ¡FUERA!

«Te enseñaré el camino que debes seguir» (Salmo 32: 8).

En sus marcas, listos, ¡fuera! El disparo de salida surca el viento, dando así comienzo a la carrera. La multitud anima a los corredores olímpicos, que dejan atrás la línea de salida y luchan por sus posiciones. El tramo que tienen por delante es largo y complicado. Los competidores deberán subir colinas y atravesar valles. Paso a paso y kilómetro a kilómetro, llegarán a la meta.
Para ganar una carrera de larga distancia hace falta más que simplemente saber correr. Hace falta talento, determinación, horas de entrenamiento, una alimentación equilibrada, e incluso un buen descanso. La diferencia entre el ganador y los demás corredores también tiene mucho que ver con la capacidad de su entrenador para motivarlo y enseñarle cómo ganar.
Cada corredor analiza con su entrenador sus propias carreras y las que han corrido otros campeones olímpicos. El entrenador desarrolla una estrategia para ganar, indicándole a su corredor en qué momentos debe ir al mismo paso de los demás corredores, y cuándo debe cambiar de ritmo. Para ello, analiza el estilo de los rivales. Aunque a primera vista parezca que el corredor va solo, no es así. El entrenador lo acompaña durante toda la carrera.
Comparte estrategias con él sobre la mejor manera de ganar, y lo anima en todo momento.
Yo también soy corredora, pero de las olimpíadas del Cielo, y tengo un Entrenador. Mi Entrenador y yo planificamos juntos la mejor manera de correr la carrera. El me ayuda a identificar las fallas que hacen que me rezague, y me dice qué debo hacer para ganar. Pone a mi disposición los mejores instrumentos de ayuda que existen y me enseña las fortalezas y debilidades de corredores del pasado como Moisés, Daniel, Sara o Rut. Me advierte sobre las engañosas tácticas de «mi gran rival». Mi Entrenador, Jesús, ha trazado una estrategia ganadora diseñada especialmente para mí. El es también tu Entrenador, y puede mostrarte el camino a seguir para ganar la carrera. Con toda seguridad venceremos si seguimos sus instrucciones.
Hoy nos encontramos posicionados en la línea de salida de un nuevo año. Estamos entrenando para las olimpíadas celestiales, y nuestro Entrenador está dándonos las instrucciones para que ganemos la carrera. Así que... en sus marcas, listos, ¡fuera!

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02 DE ENERO

LA ESTRATEGIA

«Me has dirigido con tus consejos y al final me recibirás con honores» (Salmo 73: 24).

«¡Quiero ganar! ¡Quiero ganar!», era lo único en lo que pensaba José mientras corría. Quería demostrarle a su nuevo entrenador lo que era capaz de hacer. Estaba decidido a lograrlo, pero los demás competidores lo iban dejando atrás uno tras otro. Cuando cruzó la meta, algunos le llevaban una vuelta completa de ventaja. José no entendía lo que había ocurrido. A l disparo de salida, había despegado velozmente, y a los pocos segundos ya había adelantado incluso a los corredores más veloces. Pero no había sido capaz de mantener aquella velocidad durante todo el recorrido. Eso ya le había ocurrido en la escuela, y lo estaba viviendo de nuevo en la secundaria.
Avergonzado, José se dirigió al vestuario para ducharse, vestirse y marcharse antes de que sus compañeros de equipo regresaran de la pista. Casi lo logró, pero cuando se echó la mochila al hombro para irse se encontró de frente con el entrenador, precisamente la persona con quien menos quería encontrarse.
—Hola, José —le dijo el entrenador poniéndole la mano en el hombro—.
Me ha impresionado tu velocidad de hoy.
—¡¿Mi velocidad?! —dijo José extrañado—. Si he sido el último en cruzar la meta.
—Sí, pero tienes una excelente arrancada —dijo el entrenador.
—Menudo consuelo... —murmuró José entre dientes— Pero en la primera vuelta comienzo a quedarme rezagado.
—¿No te gustan las carreras de velocidad? —preguntó el entrenador.
—¿Las carreras de velocidad? —repitió José.
—Sí—insistió el entrenador—. No todos tienen las mismas cualidades, por eso no todos sirven para las carreras de larga distancia. T ú podrías ser un excelente corredor de carreras de velocidad. Piénsalo.
—Es posible que tenga razón —respondió José con una sonrisa—. Tal vez he estado practicando el deporte equivocado todo este tiempo. ¿Cómo se ha dado cuenta?
El entrenador sonrió y, alborotando el cabello del joven, le dijo:
—Ese es mi trabajo.
Jesús, tu Entrenador, sabe qué es lo mejor para ti. Su trabajo es saberlo. Solo debes preguntarle qué camino debes tomar, y él te dará la respuesta.

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03 DE ENERO

VAMOS POR EL ORO

«No teman. El Dios de ustedes y el Dios de su padre les ha dado ese tesoro» (Génesis 43: 23, NBLH).

Existe más de una manera de obtener el oro. Imagina que estás curioseando en el ático de la casa de tus abuelos. El sol se filtra a través de las partículas de polvo mientras empujas hacia un lado el antiguo baúl de tu tatarabuelo.
Has visto ese baúl tantas veces, que sabes de memoria su contenido: un uniforme de tu abuelo, unos cuantos libros viejos, y cartas de un color amarillento.
En el lugar donde estaba el baúl antes de moverlo hay una hebra de lana roja que sobresale de las tablas de madera del suelo. Cuando la halas te das cuenta de que una de las tablas está floja. La levantas y debajo hallas una vieja sudadera de cuadritos rojos y negros, comida por las polillas. En el bolsillo de la sudadera encuentras un pequeño libro con tapas de cuero que resulta ser el diario de tu tatarabuelo.
Entre la tapa y la primera página del diario hay una hoja de papel doblada y amarillenta. La abres cuidadosamente y resulta ser ¡el mapa del tesoro escondido de tu tatarabuelo! En una esquina del mapa hay una casita dibujada.
Al verla, reconoces que es el viejo cobertizo que está en un rincón de la propiedad, colindante con el bosque. En la otra esquina hay otro dibujo que parecen ser unos peñones. Tú recuerdas haberte subido a ellos con tus primos el verano anterior. En la base de las piedras hay una X roja dibujada. Tus manos tiemblan de la emoción.
¿Será verdad? ¿Realmente habrá escondido el tatarabuelo su fortuna antes de morir? ¿Habrá en ese lugar un cofre lleno de oro, monedas de plata y valiosas joyas?
Este año, tú y yo vamos por el oro. En algunos casos, como en los Juegos Olímpicos, el oro hay que ganarlo. En otros, como en el caso del oro del tatarabuelo, está escondido esperando que lo encuentres. La Biblia es una guía de entrenamiento para ganadores, y un mapa para los buscadores de tesoros.
Como mapa, nos llevará hacia los tesoros de la sabiduría y la verdad. Como guía de entrenamiento, nos ayudará a traer a nuestra casa el tesoro del cielo. De cualquier manera que la utilices, como guía de entrenamiento o como mapa, siempre saldrás ganando. Y es que Jesús es oro puro.

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04 DE ENERO

EL BUSCADOR DE ORO

«Por fe, Abraham, cuando Dios lo llamó, obedeció y salió para ir al lugar que él le iba a dar como herencia. Salió de su tierra sin saber a dónde iba» (Hebreos II: 8).

La obsesión de Ed SchiefFelin por la minería comenzó a temprana edad, una mañana en la que visitó la mina de su padre en Oregón, Estados Unidos. Ed podía ver el brillo de las pepitas en el agua del río. Hacia el mediodía, ya había recolectado varias. Cuando mostró su tesoro a su padre, este se rió y le dijo: «Eso es mica. La llaman "el oro de los tontos"». A pesar de ello, Ed supo que dedicaría el resto de su vida a buscar aquel tesoro. Muchos años después, Ed se hizo rico al descubrir un yacimiento de plata en Tombstone, Arizona. Con el dinero que ganó les compró una casa a sus padres y se casó con una joven rica de California. Pero la emoción del descubrimiento se pasó, y Ed se cansó de su vida de rico porque quería volver a buscar yacimientos. Preparó su testamento, en el que le dejaba todo a su esposa y a su sobrino favorito, y se fue a Oregón. Construyó una cabaña cerca de un riachuelo y, cuando necesitaba alimento, iba caminando hasta una tienda del pueblo.
En una ocasión, pasaron varios meses sin que Ed fuera al pueblo, y el dueño de la tienda, extrañado de no verlo, decidió ir a su cabaña para ver si estaba bien. Encontró a Ed tirado en el suelo, boca abajo, fuera de la casa.
Había muerto de un ataque al corazón. En una cubeta que estaba tirada junto a su cuerpo, había oro. En su diario, Ed escribió que había encontrado tanto oro, que la mina de Tombstone no era nada en comparación. Dejó instrucciones sobre cómo llegar al yacimiento de oro, e indicó que había dejado una cobija roja para señalar el lugar.
Cuando la noticia de la muerte de Ed llegó a oídos de sus familiares, su sobrino viajó a explorar la zona, pero no encontró nada. Regresó a casa con las manos vacías, y la «mina de la cobija roja» se convirtió en una leyenda por todo el norte de Estados Unidos.
Al igual que Ed Schieffelin, Abraham, el personaje del versículo de hoy, salió sin saber cuál sería su destino. No lo hizo por aburrimiento, sino porque Dios se lo había pedido. Abraham cambió las comodidades de Ur por las incomodidades del desierto, no para encontrar riquezas, sino porque quería encontrar una ciudad de oro, «de la cual Dios es arquitecto y constructor » (Hebreos 11: 10).

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05 DE ENERO

¡ESE ORO ES MÍO!

«Míos son la plata y el oro» (Hageo 2: 8).

Todos los domingos de septiembre y octubre, Mark y Jeff, dos estudiantes de secundaria, salían a buscar oro en el riachuelo Coffee, y lograron llenar cuatro frasquitos con las pepitas que encontraron. En la biblioteca de su escuela había un libro sobre minas perdidas y tesoros escondidos, que hablaba de Ed Schieffelin y de la mina de la cobija roja. ¿Una mina de oro cerca del riachuelo Coffee? ¡Aquel era su riachuelo! Desde ese momento, comenzaron a soñar con encontrar la mítica mina.
Un domingo, Mike y Jeff comenzaron a caminar río arriba, sorteando toda clase de peñascos. Tras atravesar un laberinto de zarzas, llegaron a un lugar despejado. De repente, el sonido de un disparo de escopeta los hizo lanzarse al piso. Una sombra inmensa apareció delante de ellos, y oyeron una voz áspera que les dijo: «¡Levántense!». Los dos obedecieron al instante. La apariencia intimidante de su agresor no ayudó mucho a que se tranquilizaran.
No solo era la cara de pocos amigos del individuo, sino también el rifle, lo que tenía a Mark muy asustado. Al ver a su amigo Jeff, notó en su rostro el mismo terror que él sentía. El hombre desconocido apuntó su rifle hacia la frente de Jeff, y le preguntó:
—¿Qué hacen husmeando en este territorio? ¿Andan buscando mi oro?
—Eh... eh... no—dijo Jeff muy nervioso.
—¡No me va a temblar el pulso para usar este rifle si he de defender mi oro! —dijo el hombre dirigiendo sus ojos amenazantes hacia Jeff—. ¡El oro es mío! Se lo diré una sola vez: ¡Váyanse de aquí antes de que cambie de parecer y decida acabar con ustedes!
Mike y Jeff salieron dando tumbos. Oyeron el zumbido de otra bala, y se lanzaron al suelo. Inmediatamente se levantaron y siguieron corriendo despavoridos. Cuando sintieron que estaban en un lugar seguro, Jeff dijo:
—Me pregunto si ese tipo tiene demarcado su territorio.
—Bueno, con ese rifle no creo que necesite demarcar nada. Por mí, puede quedarse con su oro —respondió Mark.
Pero Mark y el montañés iracundo estaban equivocados. Todo el oro y la plata son de Dios. Al igual que muchas otras personas, el montañés pasaría su vida luchando por mantener algo que no le pertenecía. Y probablemente, jamás llegaría a poseer el mayor de todos los tesoros: la eternidad.

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06 DE ENERO

EL TESORO DE HETTY

«Donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón» (Mateo 6: 21).

Ned se quejaba de dolor mientras Hetty, su madre, examinaba su pierna inflamada. El dolor que sentía era enorme. Durante la noche, la pierna se le había hinchado tanto que tenía dos veces su tamaño normal. Lo que parecía una pequeña infección se había extendido hacia el muslo.
Hetty puso cara de preocupación. «Tendré que llevarte al médico», dijo. Consciente del alto costo de las clínicas de la ciudad de Nueva York, Hetty subió al niño al carromato. Su hijo estaba ardiendo de fiebre. Hetty atravesó Manhattan de un extremo al otro buscando una clínica en la que pudieran atender a su hijo por el menor costo posible. Cuando encontró una, entró apresuradamente con Ned a la sala de espera. La recepcionista llamó a un médico inmediatamente. Apenas el médico vio la pierna del muchacho, sacudió la cabeza con tristeza:
—Lo siento. La infección se ha extendido demasiado y lo único que se puede hacer a estas alturas es amputarle la pierna. Si lo hubiera traído antes, la situación sería otra.
Llorando, Ned suplicó al médico que no le cortara la pierna, pero no había otra alternativa. Con gran frustración, el médico golpeó con el puño la mesa de operaciones. «¡Qué problema es la pobreza en esta ciudad! ¿Podremos ganar algún día la batalla contra ella? ¡Este niño tendrá que pasar el resto de su vida inválido simplemente porque no tiene dinero!». Lo que el médico no sabía era que Henrietta «Hetty» Howland no era pobre, sino la mujer más rica del mundo.
¡Y también la más tacaña! Cuando murió dejó una fortuna calculada en unos cien millones de dólares. En una sola cuenta bancaria tenía guardada una cantidad de 31 millones de dólares.
¿Cómo pudo hacerle eso a su único hijo, habiendo hospitales y médicos cerca de su casa que pudieron haberle salvado la pierna, aunque fueran caros? ¿Fue capaz de permitir eso solo por no gastar más dinero del que quería? ¿Dónde estaba su corazón mientras su hijo lloraba de dolor por la infección? ¿Sintió remordimientos al ver a su hijo crecer con un par de muletas?
Ojalá Hetty haya descubierto antes de morir el significado de las palabras de Jesús: «Donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón».

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07 DE ENERO

LA ORACIÓN CONTESTADA CON AVENA

«El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Porque no sabemos orar como es debido» (Romanos 8: 26).

En una ocasión, escuché la historia de una misionera en Asia a quien llamaré Sara. Sus compañeros habían regresado ya a casa cuando Sara comenzó a experimentar fuertes dolores de barriga. Para colmo de males, aún no había recibido el cheque con el pago por sus servicios. Cada día, Sara iba a la oficina de correos esperando encontrar el tan necesitado cheque, pero siempre regresaba con las manos vacías.
A medida que el dolor de Sara aumentaba, los alimentos de su despensa disminuían, al punto de que lo único que le quedó fue un tonel de avena. Pero ella odiaba la avena. ¿Qué podía hacer? Como hace un cristiano en una situación adversa, Sara oró a Dios para que la curara y para que el cheque llegara y de ese modo pudiera regresar a casa y comer otra cosa que no fuera avena.
Pasaron las semanas y Sara no podía hacer otra cosa que comer avena tres veces al día y seguir esperando a que llegara el sobre con su pago. Su salud fue mejorando lentamente. Aunque parecía que Dios estaba contestando esa parte de la oración, no podía decir lo mismo en cuanto al cheque. Finalmente, llegaron al lugar los nuevos misioneros, y con ellos el pago de Sara. Después de comprar el boleto de regreso a casa, Sara se dio el gusto de comer en un restaurante de la ciudad. Por supuesto, nada de avena. Apenas llegó a Estados Unidos pidió una cita médica, y le contó al médico su malestar y su interminable dieta de avena.
El doctor ordenó algunos exámenes para asegurarse de que realmente Sara ya estaba bien de salud. Cuando recibió los resultados, no pudo creer lo que vio. Sara se había recuperado de una grave colitis. De haber estado en Estados Unidos, habría sido operada de emergencia. El doctor le dijo que precisamente la dieta de avena había sanado su colon. ¿Quién habría pensado que aquella cosa que Sara detestaba sería la respuesta a su oración?
Al igual que Sara, pocas veces sabemos qué es lo mejor para nosotros cuando oramos. Si confiamos pacientemente en que Dios hará lo que más nos conviene, tarde o temprano estaremos felices porque él habrá contestado la oración a su manera y no a la nuestra. Al igual que Sara, descubriremos que el Rey del universo sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

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08 DE ENERO

NO TE DEJES DESANIMAR

«Que nadie te desprecie» (Tito 2: 15).

Munich, Alemania, el maratonista estadounidense Frank Shorter regresaba a la ciudad que lo había visto nacer. Competiría contra sus coterráneos en los Juegos Olímpicos de 1972. Una vez que Frank inició los cuarenta y dos kilómetros del maratón, en lo único que pensaba era en ganar.
Durante los primeros catorce kilómetros mantuvo una buena velocidad, pero aburrido por el lento ritmo de la carrera, Frank aceleró, y adelantó poco a poco a los demás corredores. Desde ese momento, fue el líder en solitario del maratón.
Cuando entró al estadio para cruzar la línea de meta, Frank esperaba un recibimiento con vítores y aplausos; pero cuando emergió del túnel que daba acceso a la pista, lo que oyó fueron abucheos y silbidos. Se preguntaba, confundido, qué estaba pasando. A pesar de la desalentadora bienvenida, Frank continuó corriendo.
Lo que Frank no sabía era que justo antes de su entrada al estadio, un espectador había saltado a la pista y había dado una vuelta entera antes de que los guardias de seguridad pudieran detenerlo y llevárselo de allí. Los abucheos y los silbidos iban dirigidos a aquel hombre, y no a Frank. Finalmente, Frank completó el maratón y obtuvo la medalla de oro para Estados Unidos.
Frank obviamente pensaba que el público lo estaba abucheando a él, pues era el único en la pista. A l menos eso era lo que parecía. Pero a pesar de los abucheos de la multitud, Frank no se rindió. Y es que un verdadero ganador jamás se rinde. Se dice que «los que se rinden jamás ganan, y los que ganan jamás se rinden».
¿Alguna vez has tratado de destacar en algo y lo único que has logrado es la desaprobación de los demás? Es muy decepcionante, ¿verdad? Te dan ganas de rendirte. Te entiendo perfectamente. A mí también me ha pasado. Pero la Palabra de Dios nos aconseja: «Que nadie te desprecie». No permitas que las opiniones de los demás te desanimen. Ignora los abucheos y silbidos de la multitud. Sigue el consejo de tu Entrenador, ¡y ve por el oro!

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09 DE ENERO

LA CASA EMBRUJADA DE HECETA

«Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo. Porque no estamos luchando contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea» (Efesios 6: II, 12).

Los fantasmas, ¿existen realmente, o son un invento de las películas? La Biblia dice que hay un lugar real habitado por Satanás y sus demonios, y estos usarán actos sobrenaturales y espeluznantes para que nos olvidemos de qué lado estamos.
Cada vez que escucho historias de sucesos sobrenaturales que no tienen una explicación lógica, o cuando siento temor a la oscuridad, recuerdo una playa de Estados Unidos llamada Heceta. Yo solía ir allí a buscar trocitos de madera y hacer castillos de arena. Las empinadas colinas que rodean la playa están cubiertas por una espesa vegetación inclinada por el viento.
En una de esas colinas hay una mansión de cuatro pisos con vistas hacia la playa. Los dueños de esa imponente casa y las personas que la visitan afirman que en ella viven «traviesos fantasmas».
La fama de esa mansión atrae a turistas de todas partes del mundo. La gente que tiene curiosidad por las cosas sobrenaturales van a fotografiar la mansión, esperando poder capturar con sus cámaras a alguno de los fantasmas que la habitan. La primera vez que yo vi la casa y me dijeron lo que pasaba en ella, sentí un enorme escalofrío. Me dieron ganas de abandonar Heceta lo más rápido posible, pues creo que debemos mantenernos lo más alejados que podamos del diablo y sus secuaces.
Pero por mucho que haya tomado mi vehículo y me haya alejado de la casa embrujada de Heceta, a veces pareciera no haber manera de escapar del diablo y sus huestes. En Efesios 6 Dios nos dice cómo debemos prepararnos para esos momentos. Se describe la armadura que debemos usar para evitar que las lanzas y las espadas punzantes de Satanás nos hagan daño. Leamos Efesios 6: 11-18 para conocer de manera detallada cuál es la armadura que debemos usar para mantener alejado a Satanás.
Sustituyamos algunas de las partes de las armaduras antiguas por los modernos equipos que usan los soldados de hoy. Dios nos ha dotado de un arsenal poderoso con el cual luchar. Pero no podremos ganar a menos que lo usemos. ¿Tienes puesta tu armadura hoy?

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10 DE ENERO

EL FARO DE HECETA

«Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo futuro, ni lo más alto, ni lo más profundo, ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor!» (Romanos 8: 38, 39).

Si la mansión embrujada fuera lo único que hubiera en Heceta, yo jamás habría regresado a ese lugar. Pero no lo es. Una construcción mucho más impresionante hace que regrese una y otra vez a esa pequeña extensión de arena. Cuando las sombras de la noche caen, llenando cada rincón del lugar, la misteriosa mansión desaparece en la oscuridad. Entonces, otra estructura más pequeña y mucho menos majestuosa llama mi atención. En lo alto de la colina del extremo norte de la bahía hay un pequeño faro.
La luz que emana de la blanca torre puede verse a casi cincuenta kilómetros mar adentro, en la oscuridad de la noche. Esta poderosa luz salva cientos de vidas cada año al enviar una señal de advertencia continua a los barcos que viajan por la costa del Pacífico. «¡Atención! —dice—. ¡Rocas peligrosas! ». Barcos pesqueros, cruceros de turismo, cargueros y trasatlánticos dependen de su luz. Después de ver durante el día la mansión embrujada, la luz del faro durante la noche hace que ponga todo en perspectiva. En este mundo hay cosas que dan miedo, bien sean fantasmas, extraterrestres, o cualquiera de los cientos de sucesos que no siempre pueden explicarse de manera lógica. Pero cada vez que veo el faro de Heceta siento tranquilidad.
Cuando ocurren cosas inexplicables, y cuando pareciera que los «malos de la película» van ganando, recuerdo la promesa de hoy de que por muy aterradoras que puedan volverse las cosas, o por muy asustada que esté, nada, absolutamente nada, podrá separarme de Jesús y de su amor. Ningún demonio, fantasma, duende, extraterrestre verde, o fuerza maligna, podrá opacar la luz de Jesús y su verdad, que iluminan mi corazón. No sé qué piensas tú de esta promesa, ¡pero a mí me encanta! Hace que me sienta más decidida que nunca a mantenerme lo más cerca posible de la luz, y a no dejar que nada se interponga entre el amor de Dios y yo. ¡Con Dios me siento segura!

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11 DE ENERO

UN ENORME PODER EN UN ENVASE MUY PEQUEÑO

«Las palabras suaves son un árbol de vida; la lengua engañosa destruye el espíritu» (Proverbios 15: 4, NTV).

Si dijera que tengo en mi casa el arma más poderosa y mortal jamás inventada, ¿me creerías? Seguramente no. Pero estaría diciendo la verdad. La tengo en el estante de arriba de mi escritorio. Es un diccionario. ¿Un diccionario? Sí, un diccionario. No es una planta nuclear, ni una bomba atómica, ni un misil; sino un diccionario común y corriente. Veamos. Un grupo de palabras comunes, dispuestas de la manera correcta, pueden cambiar el mundo. La mayoría de las guerras comienzan después de algún discurso sobre lo horrible que es un determinado país o grupo de personas, y la necesidad de que sean destruidos. Pero un grupo de palabras comunes, dispuestas de una manera totalmente distinta, pueden traer libertad, paz y felicidad a los pueblos de la tierra. Piensa por ejemplo en la Constitución de tu país, o mejor aún, en el Sermón del Monte que pronunció Jesús. ¿Te das cuenta del poder que tienen las palabras?
Las palabras tienen poder para cambiar a las personas para bien o para mal. Sea quien fuere que dijo la frase «las palabras no rompen cabezas», no tenía idea de lo que estaba diciendo. Una herida física puede sanar más rápido que un corazón roto. Las cicatrices físicas se borran más rápido que las cicatrices que quedan en la memoria.
¿Qué nos hace sentir mejor después de obtener una mala calificación en un examen de matemáticas: que un compañero de clase nos diga lo poco inteligentes que somos, o que el maestro se ofrezca a ayudarnos después de clases para poder salir bien en el próximo examen? Obviamente, las palabras de apoyo y la ayuda del maestro serán un impulso para salir mejor en el siguiente examen, mientras que las palabras de nuestro compañero solo harán que nos sintamos peor.
¿Alguna vez te has sentido débil e insignificante? ¿Te gustaría tener poder para cambiar las cosas y hacer que el mundo sea un lugar mejor? Mediante el don de las palabras, ya cuentas con ese poder. Ya tienes la herramienta para transformar tu hogar, tu escuela, tu iglesia, e incluso el mundo.
Mediante la elección que hagamos de nuestras palabras, podremos hacer el bien, o destruir.

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12 DE ENERO

PREPÁRATE PARA GANAR

«Mira siempre adelante, mira siempre de frente. Fíjate bien en dónde pones los pies, y siempre pisarás terreno firme» (Proverbios 4: 25, 26).

¿Así que quieres ser un atleta olímpico? ¿Quieres ganar medallas de oro? ¿Quieres ser el mejor corredor, el mejor nadador, el mejor pianista, o el mejor estudiante?
Jon Henricks, ganador de la medalla de oro en natación en las Olimpíadas de I956 de Melbourne, Australia, dio este consejo tras su 56a victoria consecutiva en un período de tres años: «¿Ves esa piscina? Bien, si quieres ser el mejor, lánzate a ella y comienza a nadar. Hazlo durante tres, cuatro, cinco años, y cada vez que dejes de nadar, que tu entrenador te regañe. Y aunque te dé una infección de oído por culpa del agua, no dejes de nadar. Aféitate la cabeza y luce como un zombi solo para reducir la resistencia al agua. Aféitate las piernas por la misma razón. Y cuando te inviten a alguna fiesta, di que no puedes ir porque tienes una cita con la piscina. Nada, nada y nada sin parar.
Después levanta un poco de pesas, o acuéstate a dormir mientras tus amigos están divirtiéndose».
Sin duda requiere mucho sacrificio ser el mejor. Michael Phelps, otro nadador olímpico, comenzó a nadar a los siete años. Ahora que es un campeón, se ha dado cuenta de que los años de entrenamiento y dedicación valieron la pena. Participó en los Juegos Olímpicos de 2004 y de 2008, y ganó un total de catorce medallas de oro y dos de bronce. Por si eso no fuera suficiente, hasta el 19 de diciembre de 2009 era el poseedor de treinta y nueve récords mundiales, mucho más que cualquier otro nadador.
¿Te has trazado grandes metas? Tal vez quieres dominar el violín o ser el mejor en tenis. Es posible que quieras ser cirujano, o arquitecto. Tal vez quieres descubrir la cura del cáncer o ir a África como misionero.
Antes de comenzar, considera el costo. ¿Qué estás dispuesto o dispuesta a abandonar? Pídele a Dios que te guíe en tus decisiones. Si la meta que te has trazado vale la pena, absorberá tanto tu tiempo como tus energías.

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13 DE ENERO

EL MEJOR CAMINO

«Solo siguiendo el mejor camino podrán descansar» (Jeremías 6: 16, TLA).

Kevin no podía decidirse. ¿Debía quedarse una hora más después de la escuela trabajando en su proyecto de ciencias, o sería mejor que fuera al gimnasio a jugar un poco al baloncesto con sus amigos? Ambas cosas le parecían buenas. Tal como estaba, su proyecto de ciencias obtendría la mejor calificación de la clase, pero sabía que mejorándole algunos detalles quedaría espectacular. Por otra parte, le había dedicado muchísimo tiempo a aquel proyecto, así que podía darse el lujo de jugar un partidito de baloncesto con sus amigos.
Kevin decidió pedirle opinión a su abuela. El joven de quince años vivía con ella desde la muerte de sus padres en un accidente de tránsito. Durante ese tiempo había aprendido a apreciar los sabios consejos de su abuela, así que le pareció bien contarle su dilema por si ella podía ayudarle.
La abuela lo escuchó y le explicó que no siempre tenemos que escoger entre el bien y el mal. A veces nos toca elegir entre lo que es bueno y lo que es mejor; y muchas veces las decisiones no son fáciles.
«Yo, cuando tengo delante de mí dos posibles elecciones y ambas me parecen buenas, escojo la que parece más difícil de realizar. Casi siempre el camino más difícil es el mejor camino», le dijo su abuela.
Kevin no estaba muy convencido con la explicación de su abuela y su fórmula para lograr el éxito, pero igualmente decidió ponerla en práctica. Así que eligió mejorar su proyecto de ciencias. Como resultado, el profesor terminó exhibiendo el proyecto de Kevin en un concurso entre varios centros de secundaria de la región, y ganó el primer premio, además de una beca de estudios.
¿Debes tomar decisiones importantes? Si quieres ser triunfador como Kevin o como el nadador olímpico Michael Phelps, es necesario que tomes decisiones difíciles. ¿Qué decidirás? Si has leído la Palabra de Dios y aún no sabes qué decidir, tal vez el consejo de la abuela de Kevin pueda ayudarte.

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14 DE ENERO

A MI MANERA

«El castigo hace cambiar a la gente» (Proverbios 20: 30, PDT).

El dolor era intenso. Jorge acababa de romperse una pierna. No podía creerlo. ¡Qué mala suerte! El primer día de la temporada de esquí, y le ocurría esto. Pero no le había ocurrido porque no supiera esquiar. Tenía solo once años, pero esquiaba prácticamente desde que había aprendido a caminar. Además, se conocía las pistas de esquí como la palma de su mano, especialmente su pista favorita: La Cúspide.
—No olvides calentar primero en la pista roja antes de ir a las pistas avanzadas —le había advertido su mamá en el estacionamiento.
—Esa pista es para principiantes, mamá —había respondido Jorge—.
Creo que sé esquiar lo suficiente como para escoger en qué pista debo comenzar. Cuando llegaron al telesquí, Jorge miró la pista roja y suspiró. Había estado todo el otoño esperando para poder deslizarse nuevamente por La Cúspide. Tan solo con ver ese nombre escrito en las señales, ya se imaginaba deslizándose entre sus montículos. Entonces tomó una decisión que le acarrearía consecuencias. A los pocos minutos, estaba en el suelo tratando de mover la pierna derecha. Pero le dolía tanto, que lo único que podía hacer era llorar.
«No puede ser, seguramente voy a estar castigado durante toda la temporada. ¿Dónde están los socorristas cuando uno más los necesita?», pensó. Finalmente llegaron los socorristas, subieron a Jorge al trineo y lo transportaron hasta la estación de emergencia. Jorge se asustó cuando la enfermera le pidió el número de teléfono de sus padres.
—¿Tiene que enterarse mi mamá? —preguntó tímidamente.
—¿No crees que va a sospechar cuando llegues a casa con una pierna enyesada? —dijo la enfermera sonriendo—. Voy a llamarla para que se encuentre contigo en el hospital. Jorge miró hacia la pared. «Si la fijación de mi esquí no se hubiera trabado.
Si aquel niño no hubiera aparecido de repente de la nada. Si no hubiera desobedecido a mi mamá y hubiera calentado un poco en la pista roja antes de intentar La Cúspide... ¡Ella siempre tiene razón!», pensó.
Cuando tomamos decisiones equivocadas tenemos que sufrir las consecuencias. No podemos borrar el pasado ni dar marcha atrás, pero sí podemos aprender de nuestros errores y no repetirlos. No echemos la culpa a otros. Más bien, aprendamos y sigamos adelante.

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15 DE ENERO

UN GRANO DE FE

“Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos” (Hebreos II: I).

¿Alguna vez te has preguntado qué hace que algunos granos de maíz exploten y se conviertan en palomitas de maíz, y otros no? Si colocas diez granos en fila, ¿puedes saber cuáles van a explotar? ¿Por qué no podemos colocar nuevamente en el microondas los granos que no explotaron para hacer un segundo intento? Después de todo, dice el refrán que «el que la sigue, la consigue», ¿no? Bueno, para mí tenía sentido hasta que descubrí el secreto de las palomitas de maíz.
El secreto para que las palomitas de maíz exploten está en el grano. Cada grano de maíz o tiene una gota de humedad oculta en su interior, o no la tiene. Si tiene la gota de humedad, el calor convertirá esa humedad en vapor. Como el vapor ocupa más espacio que el líquido, se genera presión hacia el centro del grano, haciendo que explote. El resultado es un ejemplar de palomita de maíz blanco, mullidito y delicioso. Ahora, si esa humedad no está presente dentro del grano, este simplemente se quedará caliente en el fondo del envase. Por eso, aunque lo intentes de nuevo, ese grano nunca explotará. Si no tenía humedad interna en el primer intento, mucho menos en el segundo. Tiene sentido, ¿verdad?
Piensa ahora en esto: Bien sea que tus padres sean creyentes en Dios o no, cuando van al supermercado y compran una bolsa de maíz para hacer palomitas, no interrogan al vendedor sobre el contenido de la bolsa. No exigen pruebas de que los granos de la bolsa contienen la humedad necesaria para que se conviertan en palomitas. Prácticamente compran la bolsa de maíz por fe: fe en el vendedor, fe en el distribuidor de alimentos, fe en el productor agrícola, y fe en el Creador.
La fe es así de sencilla. La Biblia dice que «tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera [una bolsa de deliciosas palomitas de maíz]; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos [de que hay una gota de humedad dentro del grano]». ¿Por qué a la gente se le hace tan fácil creer en un grano de maíz que todavía no ha explotado, pero tan difícil creer en el Creador que puso la humedad dentro de ese grano?

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16 DE ENERO

UN BUEN DÍA PARA SOÑAR

«Avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús» (Filipenses 3: 14, NTV).

«¡Voy a participar en el maratón de Nueva York!», declaró Linda. «Por favor, Linda, sé realista», le respondió su amiga. Para una persona promedio, correr cuarenta y dos kilómetros es apenas un sueño, pero para Linda era un sueño imposible. Linda no podía caminar sin muletas, ¡mucho menos correr un maratón!
Elena, una niña ciega y sorda, también quería lograr lo imposible. Quería ir a la escuela. Martin también se atrevió a soñar con un mundo libre de prejuicios; un sueño imposible para alguien de raza negra. Al igual que Linda y Helen, Martin fue más allá de sus sueños, e intentó hacerlos realidad.
Años después, los éxitos de estos tres soñadores hicieron historia. Linda Downs «corrió» en el maratón de Nueva York de 1982. Su tiempo: once horas. Impresionante, para haber sido la primera persona en correr cuarenta y dos kilómetros con muletas. Al cruzar la meta, Linda demostró que cuando nos atrevemos a soñar más allá de nuestras aparentes limitaciones, podemos derribar cualquier barrera física o mental.
¿Y la mujer sorda y ciega? Helen Keller se graduó en la universidad, y recibió el aplauso de presidentes, primeros ministros y reyes. Sus escritos y discursos han inspirado a miles de discapacitados, y también a quienes no lo son, a romper las cadenas físicas y mentales que los atan, y atreverse a intentar lo imposible.
Aunque Martin Luther King no vivió para ver su sueño hecho realidad, logró abrirles los ojos a millones de personas. Ayudó a que en Estados Unidos se mirara a los ciudadanos de una manera hermosa, viva y colorida, en vez de solo en blanco y negro.
Linda, Helen y Martin tuvieron tres sueños «imposibles» y los hicieron realidad. ¿Cuáles son tus sueños? Anótalos en un papel hasta que ya no tengas más espacio para escribir o hasta que ya no tengas más sueños que anotar. Después escribe las cosas que debes hacer para que se hagan realidad.
Cuéntale a Dios tus sueños y pídele que te ayude a escoger sueños que se ajusten a los planes que él tiene para ti. ¡Ahora viene lo más divertido!
Haz algo hoy que te ayude a alcanzar uno de los sueños de tu lista. Así comenzarás a convertir tu sueño en una realidad.

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17 DE ENERO

CONTEN TU ENOJO

«La respuesta amable calma el enojo; la respuesta grosera lo enciende más» (Proverbios 15: I, TLA).

Cuando terminó el sermón, el nuevo pastor de la iglesia, recién salido del seminario, se puso en la puerta del templo para saludar a los feligreses mientras salían. Desde que había decidido ser pastor en el último año de la secundaria había soñado con ese momento. Contento con el mensaje que acababa de predicar, el joven pastor agradeció cariñosamente a cada miembro que lo felicitaba por su mensaje. Una tras otra las personas se acercaban y se presentaban, y él se esforzaba por memorizar sus nombres.
Acababa de darle la mano al primer anciano cuando una mujer de mediana edad y con apariencia de conservadora le dio la mano y le dijo:
—¡Soy feliz de que calló!
—«¡¿Qué?!», pensó el pastor. «¿Está feliz de que me callé? ¿Con lo mucho que me costó preparar este sermón? ¿Tan aburrido y malo le pareció?»
El joven trató de mantener la compostura ofreciéndole a la mujer su mejor sonrisa.
—¿Disculpe? —le respondió el pastor a la señora.
La señora le correspondió la sonrisa, y repitió:
—Dije que soy feliz de que calló.
El pastor no podía creer lo que estaba oyendo. Tentado a decirle algo sarcástico o grosero a la señora, se contuvo y le dijo:
—Bueno, tal vez el sermón de la semana que viene le guste más.
La señora lo miró extrañada, y le respondió:
—¿Cómo? Yo disfruté mucho del sermón de hoy, pastor.
El primer anciano y otros miembros de la iglesia estaban escuchando la conversación. El pastor frunció el ceño y carraspeó.
—Disculpe, pero ¿por qué dice entonces que está feliz de que callé?
La mujer y los demás miembros de iglesia comenzaron a reír. El pastor no veía dónde estaba el chiste. Cuando la mujer consiguió parar de reír, le explicó: «Pastor, yo lo que dije es que soy Felisde Kekayó. Ese es mi nombre: Felisde Kekayó».
El pastor se ruborizó, carraspeó otra vez, y rió junto a los demás, aliviado de haber dado una respuesta amable en vez de una respuesta sarcástica cuando creyó que la señora se la merecía.

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18 DE ENERO

MI PROPIA BIBLIA

«He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti» (Salmo 119: II).

El pequeño vehículo daba tumbos por una calle dispareja de la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos. Desde el centro del asiento trasero, Flora miraba a sus dos nuevas amigas: Alondra y Noemí. Desde que había conocido a Alondra, se habían hecho buenas amigas. Cuando Alondra supo que Flora tenía algunos sábados libres en su trabajo, la invitó a su iglesia. Alondra le explicó que la primera parte del servicio estaba dedicada al estudio de la Biblia.
«Todos tenemos nuestras propias Biblias y participamos en la discusión», dijo Alondra. Los ojos de Flora se abrieron de par en par:
—¿Tú tienes tu propia Biblia? ¿Una Biblia en español?
—Por supuesto —respondió Alondra.
—¡No te creo!
—Claro que sí. Y te voy a regalar una a ti.
—¡¿En serio?! —dijo Flora abriendo nuevamente los ojos.
—Sí—aseguró Alondra.
Flora no podía creer lo afortunada que era. Antes de salir de El Salvador, Flora se había propuesto no regresar a su país hasta tener su propia Biblia. En El Salvador, Flora nunca había tenido la esperanza de tener tan preciado tesoro.
Los pocos pesos que ganaba, apenas le alcanzaban para comida. El apetito de Flora por la Palabra de Dios lo había despertado un maestro suplente de la escuela católica a la que ella asistía. Los versículos que el maestro había compartido en secreto con sus alumnas habían hecho que Flora deseara aprender más de la Biblia. Cuando le pidió una Biblia al maestro, este movió tristemente la cabeza: «Lo siento, Flora, pero las Biblias son caras y no tengo dinero para comprarte una». Ahora, años después y a muchos kilómetros de su país, le estaban ofreciendo una Biblia de regalo.
Noemí y Alondra cumplieron su promesa y le regalaron una Biblia en español a Flora. Flora estaba ansiosa de llegar a su casa para leerla. Pronto comenzó a descubrir los tesoros escondidos entre las tapas de aquel libro. Aunque ya ha leído la Biblia muchas veces desde que la recibió, las promesas que Flora encuentra entre sus páginas adquieren cada vez más significado con el paso de los años.

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19 DE ENERO

ESCOGE TU ESTILO

«Vale más tener buena fama y reputación, que abundancia de oro y plata» (Proverbios 22: 1).

Eran los Juegos Olímpicos de 1904. Félix Carvajal, un cartero cubano, y Fred Lorz, de Estados Unidos, se preparaban para participar en el maratón. A pesar de que nunca había participado en una competencia de atletismo, y de que tenía una idea imprecisa de lo que era un maratón, Félix partió rumbo a San Luis, Estados Unidos. El día de la carrera apareció con una camiseta que fue descrita por los espectadores como «de pijama». La carrera ya había comenzado cuando un grupo de atletas locales le buscaron una mejor indumentaria para correr.
Félix se tomó toda la carrera como un juego. Mientras corría, saludaba y gritaba a los espectadores. A intervalos incluso se detenía para ponerse a conversar con la gente. Después de recoger y comerse algunos duraznos y manzanas de los árboles que encontraba en el camino, comenzó a dolerle el estómago y tuvo que detenerse varios minutos. A pesar de todas las interrupciones,
llegó en cuarto lugar. Los expertos creen que si Félix se hubiera tomado la carrera en serio, habría ganado la medalla de oro. Félix pasó a la historia como «el príncipe payaso de los juegos olímpicos».
Fred, por el contrario, se tomó el maratón demasiado en serio. Fue el primero en salir del estadio cuando comenzó la carrera, y el primero en atravesar la línea de meta. A pesar de ello, su nombre no aparece en el cuadro de honor olímpico. Después de catorce kilómetros, a Fred le dio un calambre y abandonó la carrera. Entonces, alguien le ofreció llevarlo en su automóvil. A pocos kilómetros del estadio el automóvil sufrió una avería, y Fred decidió llegar al estadio corriendo. Al entrar, recibió una enorme ovación, así que continuó corriendo hasta cruzar la meta. En el preciso momento en que la esposa del presidente Roosevelt le iba a entregar la medalla olímpica, un juez entró corriendo al estadio y denunció al impostor.
Ambos hombres se hicieron famosos en los Juegos Olímpicos de i 904: a uno se lo recuerda de manera cariñosa como el príncipe payaso, y al otro como un desacreditado impostor. Nuestras decisiones afectan a nuestra reputación. ¿Qué opinan los demás de ti? ¿Ven a un seguidor de Dios honesto y trabajador, o a un holgazán que miente y hace trampa en todo? Tú decides lo que quieres ser.
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20 DE ENERO

HAY COSAS QUE NO CAMBIAN

«Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hebreos 13: 8).

El escalador neozelandés Edmund Hillary viajó a los Himalayas, en Nepal, un pequeño país situado al norte de la India, para ascender hasta la cima más alta del mundo: el monte Everest. Emprendió la tarea junto a un grupo de escaladores británicos y un guía nepalí llamado Tenzing Norgay.
A medida que el equipo ascendía la escabrosa montaña, fuertes vientos helados los golpeaban. Además, tenían que usar máscaras de oxígeno debido a la altitud. Uno tras otro fueron claudicando, hasta que quedaron únicamente Edmund y Tenzing. Casi sin oxígeno, los dos hombres decidieron hacer un último esfuerzo por alcanzar la cima. Al llegar a una roca gigantesca, y ver desde allí las cimas de otras montañas, se dieron cuenta de que habían alcanzado la cumbre más alta del mundo.
Espera, no tan rápido. Pobres Edmund y Tenzing. Si pretendían escalar la montaña más elevada de la tierra, parece ser que se equivocaron. El Everest es la segunda montaña más elevada del mundo. ¿Cómo? Ahora te lo explico.
Busca los Andes en un mapa y ubica el monte Chimborazo, en Ecuador. Midiéndolos desde el nivel del mar, el monte Everest tiene 8,847 metros de altitud, y el Chimborazo 6,266 metros. Pero si buscamos cuál de las dos montañas se acerca más al espacio exterior, es decir, al Sol, el Chimborazo gana con diferencia.
Lo que ocurre es que la tierra no es redonda, sino esférica, más ancha en la zona del Ecuador, que es precisamente donde está el Chimborazo. La cima del Chimborazo es el punto más alejado del centro de la Tierra, y por eso se eleva aproximadamente tres kilómetros más arriba que el monte Everest.
Aunque el tamaño de las dos montañas no ha cambiado mucho a lo largo de la historia, la ciencia ha revelado una manera distinta de observarlas.
¿No es terrible creer que uno tiene la respuesta correcta y que de repente alguien nos demuestre que no es así? Acostúmbrate a eso. En este mundo tecnológico, lo que era verdad ayer, ya no lo será mañana. Todo cambia. Pero con Dios es diferente. El es el mismo «ayer, hoy y siempre»; así que deja de preocuparte por las cosas del mundo. Las cosas importantes, como las promesas de Dios para ti, jamás cambiarán.

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21 DE ENERO

PUERTAS. PUERTAS Y MÁS PUERTAS

«Los que están vivos al menos saben que un día van a morir, pero los muertos no saben nada» (Eclesiastés 9: 5, NTV).

¿Qué podría motivar a alguien a diseñar una casa con puertas que al abrirlas dan hacia paredes de ladrillos? ¿Para qué construir escaleras que no llevan a ninguna parte? ¿Por qué construir una mansión de ciento sesenta habitaciones y miles de pasillos?
Sarah L. Winchester no tenía intención de construir una casa tan extravagante. Hacia 1880, la nuera del fabricante del famoso rifle Winchester se mudó de Nueva Inglaterra a California tras la muerte de su esposo y sus dos hijos. Allí compró una mansión de diecisiete habitaciones que estaba en construcción, y comenzó a dar órdenes a los constructores. A pesar de que las órdenes que daba a sus experimentados empleados no tenían sentido, ella pagaba tan bien que la obedecían.
Cuando ya no había espacio donde construir, Sarah compró los terrenos adyacentes y continuó ampliando la casa. Durante treinta y ocho años, el sonido de las herramientas se escuchó diariamente por toda la mansión.
La casa se convirtió en una inmensidad llena de escondrijos, salones de formas extrañas, cuarenta escaleras hacia ninguna parte, y más de doscientas puertas que conducen a lugares inesperados o a ningún lugar. El cuarto de huéspedes, en el que jamás se ha quedado nadie, está decorado con miles de prismas de cristal y adornos de oro y plata. El salón de baile, contrachapado con paneles de madera de arce y en el que nadie ha bailado jamás, contiene un órgano empotrado. La pared, el piso y el techo de su habitación están cubiertos de terciopelo blanco.
El miedo a morir fue lo que llevó a la señora Winchester a construir esa casa. Cuando su esposo y sus hijos murieron, ella se convenció de que la fortuna que había heredado de su suegro estaba maldita por la sangre de todas las personas que habían muerto por los rifles Winchester. Aterrorizada, acudió a un espiritista en busca de consejo. El médium le dijo que mientras ella estuviera construyendo la casa, no moriría, pero murió antes. Había gastado toda su fortuna construyendo puertas para poder escapar de la culpa de pecados que ni siquiera había cometido. Es una verdadera lástima que jamás supo que Jesús,
el Hijo de Dios, ya había traspasado voluntariamente la puerta de la muerte para que ella pudiera vivir para siempre.

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22 DE ENERO

PARA QUE VEAS BIEN

«Lo que sisé es que yo era ciego y ahora veo» (Juan 9: 25).

La asistente del oculista puso los lentes sobre la nariz de Manuel, y al instante él notó la diferencia. Mientras se contemplaba en el espejo, pensaba: «Mmmm, creo que necesito un corte de pelo. No me había dado cuenta de que estaba tan greñudo. Con razón mi mamá insiste tanto en eso». Miró hacia donde estaba su mamá y sonrió.
Por primera vez, Manuel veía las pequeñas pecas de su nariz, que a su papá tanto le gustaban. Mientras su mamá pagaba la cuenta, Manuel hojeaba revistas en la sala de espera. Al salir, se detenía a mirarse cada vez que pasaba delante de un espejo. «Así que esto es tener una visión perfecta —pensó—. Me gusta».
Durante el camino a casa, Manuel se quedaba contemplando todo lo que veía.
—¿Siempre ha habido tres antenas de radio en esa montaña?
—Sí, hijo —respondió la mamá mientras se dirigía hacia la autopista.
Manuel continuó hablando durante todo el camino sobre todo lo que veía. También leía cada señalización. Pero de repente, se calló. Cuando volvió a hablar, dijo:
—Mamá, no sabía que se podía ver cada hoja de los árboles. Antes solo veía una masa verde. Qué bonito, ¿verdad?
Un mundo completamente nuevo se abría ante sus ojos, en el que los colores eran intensos, y los objetos claros y nítidos. Manuel se dio cuenta de todo lo que se había perdido antes de usar lentes. En la escuela ya podía leer lo que la maestra escribía en el pizarrón, y en la clase de piano podía distinguir claramente las notas de las partituras. De vez en cuando se quitaba los lentes para notar la diferencia.
Jesús dijo que hay personas que tienen poca visión espiritual. Aunque tienen ojos, no pueden ver; y aunque tienen oídos, no pueden oír. Creen que pueden ver las verdades espirituales con una nitidez total, cuando en realidad sus ojos espirituales están tan deteriorados como los ojos físicos de Manuel. Y al igual que Manuel, no se dan cuenta de los cambios y de lo que se están perdiendo.
Así como Manuel pudo ver a la perfección con unos lentes, la visión espiritual deteriorada también puede ser corregida si le pedimos a Jesús que nos permita ver el mundo a través de sus ojos de amor y de su sabiduría.

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23 DE ENERO

UN NOMBRE NUEVO

«A los que salgan vencedores ¡es daré a comer del maná que está escondido; y les daré también una piedra blanca, en la que está escrito un nombre nuevo que nadie conoce sino quien lo recibe» (Apocalipsis 2: 17).

Si estuvieras planificando una cena especial, y la lista de invitados incluyera a las siguientes personas, ¿cuánta comida tendrías que preparar? A la cena asistirían: Martin Clifford, Harry Clifton, Clifford Clive, Alan Cobham, Owen Conquest, Gordon Conway, Harry Dorian, Frank Drake, Freeman Fox, Hamilton Greening, Cecil Herber, Prosper Howard, Robert Jennings, Gillingham Jones, T Harcourt Llewelyn, Clifford Owen, Ralph Redway, Ridley Redway, Frank Richards, Hilda Richards, Raleigh Robins, Robert Rogers, Eric Stanhope, Robert Stanley, Nigel Wallace y Talbot Wynard. Para alimentar a tanta gente haría falta un montón de comida, ¿verdad? ¡Pues no! Por muy extraño que parezca, todos los nombres que he mencionado son la misma persona: Charles Harold Saint John Hamilton. Ignoro por qué el señor Hamilton decidió usar tantos seudónimos para los más de cinco mil relatos infantiles que escribió entre 1906 y 1940, pero eso fue lo que hizo.
Hay muchas razones por las que los escritores escogen firmar sus obras con un nombre diferente a su verdadero nombre. A veces no quieren que la gente sepa su verdadera identidad. Otras veces, la editorial siente temor de que se publiquen demasiados libros a la vez de un mismo autor. Supe de un escritor que usa diferentes seudónimos para que se puedan organizar sus libros en la biblioteca de manera más sencilla: un nombre para sus novelas de misterio, otro para sus biografías, etcétera.
Mucha gente piensa en cambiarse el nombre en algún momento de su vida. Judit quisiera llamarse Jennifer, Rebeca piensa que sería más bonito llamarse Rosana, a Jaime le gustaría llamarse Jacobo porque le parece más varonil...
Una vez yo me imaginé que me llamaba Isabela, como un personaje de un libro que leí. Aunque hay personas que llevan adelante el proceso legal de cambiar de nombre, la mayoría superamos esa idea con el tiempo.
Si decidimos seguir el camino de Dios, algún día tendremos un nombre nuevo. Este nombre nuevo nos describirá perfectamente, pues Dios mismo lo escogerá para nosotros. No te pierdas ese acontecimiento en el que sabrás cuál será el nuevo nombre que Jesús tiene para ti.

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24 DE ENERO

UN VERDADERO TRIUNFADOR

«Tras el orgullo viene el fracaso; tras la humildad, la prosperidad» (Proverbios 18:12).

El éxito es resultado del trabajo duro, y de dar lo mejor de nosotros. Para un escritor, es ver su libro impreso; para un mecánico, oír el rugido del motor; para un oculista, que su paciente vea bien. ¿Considerarías exitoso al hombre que voy a describir a continuación?
A los siete años tuvo que empezar a trabajar para ayudar a sus padres. A los nueve, este niño tímido perdió a su mamá. A los veintidós se quedó sin empleo como dependiente en un supermercado. Quería estudiar Derecho, pero no tenía dinero. A los veintitrés años pidió prestada una gran suma de dinero para comprar una tienda con un socio. Tres años después su socio murió, dejándolo con una deuda que tardaría años en pagar. A los veintiocho años le pidió matrimonio a una joven que lo rechazó. A los treinta y siete años fue elegido congresista, después de tres intentos. Dos años después lo intentó nuevamente pero no fue reelegido. Como resultado, terminó enfermo de los nervios y agotado.
A los cuarenta y un años murió su hijo de cuatro, que era el fruto de un matrimonio infeliz. El siguiente año se presentó al cargo de supervisor de tierras y fue rechazado. Más tarde, fue derrotado en su candidatura como vicepresidente de los Estados Unidos. A los cuarenta y nueve años se postuló nuevamente como senador, y volvió a perder. Añadámosle a todo esto las constantes críticas que recibía, los malentendidos y rumores sobre él, así como una gran depresión. A los cincuenta y un años fue elegido presidente de los Estados Unidos, pero su segundo mandato fue interrumpido por la bala de un asesino.
Estoy hablando de Abraham Lincoln, uno de los líderes más admirados de la historia de su país.
Lincoln fracasó rotundamente en muchas oportunidades, y a pesar de ello fue un triunfador. Gracias a sus fracasos aprendió a alcanzar el éxito tratando a los demás de una manera más generosa. ¿Te das cuenta de que tendrás fracasos en tu camino al éxito? Cuando tu profesor se molesta por algo y pierde la paciencia, ¿lo perdonas? ¿Cómo respondes cuando tu mejor amigo te hace un desaire? ¿Puedes cometer errores y no estar después castigándote por lo que hiciste? Aceptar los errores propios y los de los demás es una de las condiciones del camino al éxito. No olvides cómo Lincoln aprendió ese camino: poniendo la humildad antes que el orgullo.

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25 DE ENERO

AMIGOS DE POR VIDA

«Para afilar el hierro, la lima; para ser mejor persona, el amigo» (Proverbios 27:17, TLA).

Jesse Owens sabía qué estaba pensando el público en las gradas mientras él entraba en el estadio. Estamos en Berlín, Alemania, en 1936. Adolfo Hitler, el dictador del país, buscaba probar su teoría de que todos aquellos que no fueran rubios y tuvieran los ojos azules, eran inferiores, especialmente la gente de raza negra y los judíos.
Con esto en mente, y sin haberse quitado todavía los pantalones largos y la chaqueta, Jesse hizo una práctica de salto de longitud, que era su especialidad. A pesar de que había sido un ensayo, los jueces se lo contabilizaron como su primer salto. Nervioso, lo intentó nuevamente, y falló. Cuando estaba a un salto de ser eliminado, un atleta alto, rubio y de ojos azules, se acercó a él y se presentó como Luz Long. Inseguro por lo que el alemán pudiera estar tramando, Jesse le dio la mano:
—Un placer conocerte —le dijo Jesse—, ¿cómo estás?
—Muy bien —le respondió Long—. Aunque la pregunta es cómo estás tú.
—¿Por qué me preguntas eso? —respondió Owens.
—Algo te ocurre. Un atleta como tú podría clasificarse con los ojos cerrados.
Dos hombres: uno, hijo de un aparcero negro; el otro, modelo ideal del hombre nazi, continuaron conversando. Entonces, long, que no creía en las teorías de Hitler, aconsejó a Owens sobre cómo asegurarse la clasificación.
Esa tarde Owens comenzó su jornada con un nuevo récord olímpico en salto, pero Luz lo superó. Sin embargo, en el salto final, Owens batió el récord al saltar 8.06 metros, obteniendo así la medalla de oro. El primero en felicitar a Owens, a plena vista de Hitler, fue Luz Long. La amistad de los dos continuó hasta la muerte de Luz en 1943. Jesse Owens dijo un tiempo después: «Se podrían fundir todas las medallas y copas de oro que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de veinticuatro quilates que hice con Luz Long».
¿Cuál es la prueba de una verdadera amistad? Como demostraron Luz Long y Jesse Owens, los verdaderos amigos se ayudan y se fortalecen mutuamente.

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26 DE ENERO

MIS JUGUETES Y YO

Miren cuánto nos ama Dios el Padre, que se nos puede llamar hijos de Dios, y lo somos. Por eso, los que son del mundo no nos conocen, pues no han conocido a Dios» (1 Juan 3: 1).

Kelly, de cinco años, creía que todas las cosas tenían vida propia: sus juguetes, su colección de piedras, sus conchas marinas, los muebles... Un sábado, su mamá invitó a unos amigos a cenar a la casa y le pidió que alistara la mesa mientras ella se cambiaba. Cuando regresó, encontró a Kelly conversando con los tenedores, los cuchillos y las cucharas de uso diario. «No se sientan mal porque mi mamá sacó hoy los cubiertos de plata —les dijo Kelly cariñosamente—. Solo quiere darles un día de descanso. Les prometo que mañana los usaremos otra vez». Kelly creció, y llegó a la etapa de las muñecas Barbie y los muñecos Ken.
A Kelly le encantaba su mundo de miniatura. Cada día, antes de guardar sus muñecas, vestía a cada una y las colocaba en posición en su casita de muñecas. Aunque nunca se lo dijo a nadie, ella creía que cuando salía de su habitación, sus muñecas cobraban vida. Esperando poder capturarlas en acción, más de una vez gateó silenciosamente desde la sala hasta su habitación.
Al ver que las muñecas estaban exactamente como las había dejado, concluyó que eran muy inteligentes. La oían llegar y se colocaban en sus lugares.
Un día se dio cuenta de que sus Barbies no eran personas reales, sino solo juguetes. La pequeña fantasiosa se había convertido en una adolescente que soñaba con conocer a un verdadero «Ken».
Cada vez que tengo que tomar una decisión difícil, me acuerdo de Kelly y de sus muñecas. Cuan fácil sería todo si Dios pudiera moverme como lo hacía ella con sus muñecas. Pero cuando Dios creó a las personas, no quiso que fueran como muñecos de plástico. No quería juguetes mecánicos que dijeran «te amo» cada vez que nos apretara un botón. El esperaba más de nosotros que lo que Kelly recibía de sus muñecas. El esperaba amor. Por mucho que Kelly amara a sus muñecas y las cuidara, ni una sola de ellas podía expresar amor hacia ella. Por eso Dios no creó un Adán robot o una Eva de plástico sino hijas e hijos de verdad, vivos, traviesos, e incluso difíciles, que pudieran apreciar el amor que él les ofrecía y que decidieran amarlo a cambio.

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27 DE ENERO

¿ESTÁ ALGUIEN MAREADO?

«Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis ideas y mi manera de actuar están por encima de las de ustedes» (Isaías 55: 8, 9).

Quiero darte algo en lo que pensar en esta bella mañana de enero. Imagina que estás de pie, sin moverte, en algún punto del ecuador de la tierra. ¿Qué ropa llevas puesta? ¿Puedes sentir tu camiseta favorita pegada a tu cuerpo por el calor y la humedad? ¿Hay palmeras moviéndose por la brisa, o estás a bordo de un crucero anclado en la costa? Tengo dos preguntas para ti. Aunque parece que estás inmóvil, ¿en qué direcciones crees que te estás moviendo? ¿A qué velocidades crees que vas? Piensa bien tus respuestas.
Debido a la rotación de la tierra, automáticamente te estás moviendo a mil seiscientos kilómetros por hora. Al mismo tiempo, el Sistema Solar (el Sol, la Tierra, y otros planetas) está girando alrededor del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, a unos ochocientos mil kilómetros por hora.
¿No te has mareado aún? El viaje no ha terminado. La Vía Láctea, por su parte, se mueve alrededor del centro de un cúmulo de galaxias a más de dos millones de kilómetros por hora. Según un cálculo de Edward K. Conklin la Vía Láctea también se aleja del centro de ese cúmulo de estrellas a la velocidad de casi seiscientos mil kilómetros por hora.
Entonces, ¿en cuántas direcciones estás viajando a la vez? Así es. Estás viajando en cinco direcciones diferentes de manera simultánea. Pero esa fue solo la parte fácil del problema. Ahora te diré la difícil: ¿Cuántos kilómetros por hora estás recorriendo? No gastes mucho lápiz ni papel tratando de calcularlo. Ahórrate la batería de la calculadora. Ni el mejor matemático del mundo puede calcular la velocidad que alcanzamos al combinar estos cinco movimientos. ¡Y todo eso ocurre mientras estás parado «sin moverte» en algún lugar de la tierra!
La inmensidad del universo asombra nuestro entendimiento. Los seres humanos no tenemos ni idea de los cálculos matemáticos que Dios puso en práctica para crear el universo. Imagina que le pides a ese enorme Intelecto que te explique cómo construyó el universo. Necesitarías una eternidad para entender las obras del Creador. Tal vez en un futuro no muy lejano, tú y yo tengamos la dicha de poder verlo poner nuevos mundos en movimiento.

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28 DE ENERO

UNICO EN TU ESTILO

«Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro» (Salmo 139:16, NTV).

Mírate en un espejo y dime qué ves. ¿Tu cabello castaño? ¿Un mechón rojo? ¿Rizos rubios o trenzas negras? ¿Ves tus ojos marrones mirándote fijamente? ¿Azules? ¿Verdosos? ¿Te parece que podrías hacer un dibujo uniendo los puntos con las pecas de tu cara? ¿Tus oídos puntiagudos estropean lo que sin ellos sería un rostro bien proporcionado? ¡Y esos frenillos en los dientes! ¿No te hace ver como un extraterrestre ese brillo en la boca? Mira esa nariz, que según tú es demasiado grande, demasiado aplastada, o demasiado (llena el espacio en blanco). ¿Alguna vez has visto un rostro que sea exactamente igual al tuyo? Incluso si tienes un hermano o hermana gemela, tu rostro es ligeramente diferente al de él o ella.
El día que naciste, la enfermera te envolvió en una cobija azul o rosada y te puso un gorrito en la cabeza. ¿Te imaginas lo difícil que habría sido para tus padres, tus tíos, o tus hermanos, identificarte si te hubieran puesto al lado de todos los recién nacidos del hospital? Lo más seguro es que no hubieran podido saber cuál de los bebés sin cabello, sin dientes, y arrugados eras tú.
Afortunadamente, a medida que los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, comenzaste a verte mejor. Tus facciones se fueron demarcando, y empezaste a presentar los rasgos faciales de tu familia, hasta que te convertiste en la hermosa persona que ves hoy en el espejo. Y aún no estás terminado. Los próximos diez, veinte, mil años te cambiarán de maneras que no puedes ni imaginar.
Pero tu Padre celestial sí conoce los cambios que ocurrirán. El se ha ocupado personalmente de ti desde el primer momento de tu existencia. Antes de que te llevaran al retén del hospital, antes de que se escuchara tu primer llanto, antes de que salieras de tu pequeño y cálido cascarón, tu Padre celestial ya conocía la desviación de tu nariz y sonreía con tus orejas de duende.
Una vez más vio una reproducción de su imagen, y le pareció que era bueno. Mírate de nuevo en el espejo. ¿Puedes ver la hermosa persona que Dios ve cuando él te mira? ¿Puedes ver la criatura hecha a su imagen y semejanza? ¿Puedes ver a aquel a quien él considera la corona de su creación?

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29 DE ENERO

NO SON COSAS DE NIÑOS

«Evita que te desprecien por ser joven; más bien debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en amor, fe y pureza de vida» (I Timoteo 4: 12).

¿Alguna vez te has sentido pequeño e insignificante? ¿Has pensado en las grandes cosas que harás cuando seas mayor? Algunas personas piensan que hay que crecer y alcanzar una edad mágica, tal vez veintiún años, veinticinco, treinta y cinco o cuarenta, para hacer algo significativo. ¡Mentira!
A los quince años, Louis Braille inventó el alfabeto Braille para ciegos. Philo Farsnworth, de dieciséis años, descubrió los principios básicos de la televisión. Dios le dio a Elena Harmon su primera visión a los diecisiete años. A los trece, Marjorie Gestring obtuvo una medalla de oro olímpica en salto de trampolín. Georgia Thompson, con quince años, se convirtió en la primera mujer en lanzarse en paracaídas. Nadia Comaneci, una rumana de catorce años, acaparó los titulares del mundo al lograr siete calificaciones de diez puntos en los Juegos Olímpicos. Stevie Wonder nació ciego, pero escribió y grabó un éxito musical a los doce años.
Durante la Guerra Civil estadounidense, estudiantes adolescentes de una academia militar de Virginia mantuvieron a raya al Ejército de la Unión, hasta que un regimiento de tropas del Sur llegó, evitando así que el Norte se apoderara del valle Shenandoah. ¿Cosas de niños? ¡Para nada! Cada una de las personas que he mencionado son grandes triunfadores que resultaban ser sumamente jóvenes cuando alcanzaron el éxito.
Probablemente tú no eres un atleta como Nadia, un científico como Philo, ni un músico excepcional como Stevie Wonder. Quizá no tengas la mitad de la valentía de Georgia. Pero no importa. Me gustaría presentarte a otro adolescente excepcional llamado Timoteo. Sean cuales sean tus talentos,
tú puedes ser como él. El apóstol Pablo le pidió que no dejara que la gente lo despreciara por ser joven, y que fuera un ejemplo para la iglesia en su manera de hablar, su conducta, su amor, su fe, y en mantenerse puro; cualidades que nosotros también podemos recibir de parte de Dios. ¿Recuerdas el versículo que dice: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4: 13, RV95)?
Al igual que Timoteo, tus años de adolescencia pueden ser los mejores de tu vida si decides permitir que Cristo te fortalezca. ¿Cuántos personajes de la Biblia y pioneros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día puedes nombrar, que hayan sido adolescentes y vencedores?

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30 DE ENERO

EL ORGANISMO DE LA MUERTE

¿Quién es el hombre que desea vida y quiere muchos días para ver el bien?» (Salmo 34:12, BLA).

Estás fuera de los vestidores de las chicas esperando al entrenador, cuando de repente escuchas la siguiente conversación entre Silvia y Rebeca, dos de tus amigas. Reconoces inmediatamente sus voces.
—-¿Me estás diciendo que Katy obtuvo la mayor calificación en el examen final de historia? —pregunta Silvia un poco indignada.
—Así es —responde Rebeca—. No solo obtuvo la mayor calificación en el examen, sino también en él proyecto.
—Mmmm, no es difícil saber cómo lo logró —sugiere Silvia—. Después de todo, ella ayuda a corregir los proyectos para la clase de historia.
—¿Crees que hizo trampa? No me parece que ella sea así.
—¡Por favor! Se pasa tres horas sola en la oficina del señor Herrera todos los días corrigiendo trabajos. ¿No crees que ha podido ver las respuestas de los exámenes?
Tú sabes que las acusaciones de Rebeca no son ciertas por el simple hecho de que tú eres Katy. ¿Cómo te sientes? ¿Como si te hubiera atacado un oso gigante? ¿Como si se hubiera hecho realidad tu peor pesadilla? ¿Qué bestia salvaje podría causar mayor dolor? ¿Un lobo? ¿Un león? ¿Un cocodrilo? ¿Una anaconda?
Ninguno de ellos, sino un pequeñísimo organismo que se encuentra en los mosquitos. Este organismo pasa parte de su ciclo vital en el mosquito y otra parte en un ser humano u otro mamífero, y es responsable de la enfermedad más mortal que existe sobre la faz de la tierra: la malaria. Dado que este mosquito vive en el setenta por ciento de la superficie sólida de la tierra, ha causado, sin lugar a dudas, más sufrimiento y muerte que todas las guerras juntas. ¡Una cosa tan, pero tan pequeña, ha causado tantos problemas!
De igual manera, cuando no es controlada, nuestra lengua causa muchos problemas. La lengua ponzoñosa de Rebeca hizo daño a Katy. A menos que Rebeca aprenda a controlar su lengua mejor de lo que la Organización Mundial de la Salud controla los mosquitos que transmiten la malaria, ella tendrá una vida desdichada, así como los que estén a su alrededor. ¿Hay alguien en tu círculo de amigos que no pueda controlar su lengua? ¿Eres tú esa persona?

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31 DE ENERO

RIQUEZAS MÁS ALLÁ DE LA IMAGINACIÓN

«Todos los días [los de Berea] leían la Biblia para ver si todo lo que les enseñaban era cierto» (Hechos 17:11, TLA).

El veterano arqueólogo no podía creer lo que le estaba diciendo el submarinista. “Señor, lo hemos encontrado. Ahora sí hemos encontrado el filón de Oro”. El filón de oro al que se refería emocionado el joven submarinista era el casco del Atocha, un galeón español hundido en la costa de Cayo Hueso, Florida, Estados Unidos, en 1622.
Los submarinistas acababan de descubrir un tesoro increíble: oro, cofres llenos de valiosas monedas de plata, lingotes de cobre del tamaño de tapas de alcantarilla, joyas con piedras preciosas, y esmeraldas enormes. El valor del hallazgo era incalculable.
El navío sumergido pudo haber sido descubierto mucho antes, ya que estaba a solo unos siete metros de profundidad y en aguas tranquilas. Sin embargo, con el paso de los años, se fueron acumulando escombros sobre su casco. Antes de que los submarinistas alcanzaran el tesoro, tuvieron que retirar varias capas de sedal de pesca, anzuelos oxidados y basura arrojada en el lugar por pescadores aficionados. ¡Imagina estar pescando en un pequeño bote a solo siete metros de un valiosísimo tesoro, sin saberlo!
A través del tiempo, «eruditos aficionados» también han nublado las verdades de la Biblia con capas de mentiras y engaños. Estos «pescadores», a menudo sentían frustración cuando sus sedales se trababan en algún texto que no se ajustaba a su manera de pensar. Si hubieran escudriñado un poco más a fondo, habrían descubierto un maravilloso tesoro. Sin embargo, se conformaron con creer lo que querían creer.
Los habitantes de Berea son recordados en la Biblia por su interés en el estudio esmerado de las Escrituras. Ellos las escudriñaban diariamente para descubrir las profundas riquezas de la Palabra de Dios. Se negaban a estudiar las Escrituras superficialmente con la esperanza de encontrar una promesa por aquí o una bendición por allá.
Así como solo los mejores y más experimentados submarinistas fueron contratados para buscar el tesoro escondido del Atocha, nosotros también podemos, con la ayuda del Espíritu Santo, sumergirnos en la Palabra de Dios y descubrir el tesoro que Dios tiene preparado para nosotros. Al igual que los habitantes de Berea, nos enriqueceremos con las infinitas promesas de Dios.

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01 DE FEBRERO

PECES CONGELADOS

«Presta oído a la sabiduría; entrega tu mente a la inteligencia. Pide con todas tus fuerzas inteligencia y buen juicio; entrégate por completo a buscarlos, cual si buscaras plata o un tesoro escondido» (Proverbios 2: 2-4).

¿Qué pesa más: una cubeta de hielo o una cubeta de agua? Dado que los sólidos son más pesados que los líquidos, la cubeta de hielo debería pesar más, ¿no es así? Pues no. El agua es diferente a los demás líquidos, porque cuando se congela, pesa menos.
Pero ¿a quién podría importarle eso? A los peces, seguro. Si el hielo fuera más pesado que el agua, los lagos se congelarían desde el fondo hacia arriba. Esto haría que las plantas de los lagos se congelaran y murieran. Como el nivel del hielo aumentaría, los peces se verían obligados a nadar en aguas poco profundas, y finalmente terminarían congelándose en la superficie. Esto sería una tragedia para ellos.
Pero no ocurre así. Como el hielo es más ligero que el agua, flota, permitiendo que las plantas y los organismos acuáticos vivan durante todo el año bien a gustito en el fondo de los lagos y los ríos.
El mundo está lleno de datos interesantes que nos muestran lo maravilloso que es Dios. Nuestro Creador no pasó ningún detalle por alto. Si los pequeños peces de los lagos y las truchas de los ríos son importantes para él, ¿cuánto más no se preocupará por nosotros, que somos sus hijos?
El texto de hoy te aconseja: «Presta oído a la sabiduría. [...] Pide con todas tus fuerzas inteligencia [...], cual si buscaras plata o un tesoro escondido ». Los tesoros escondidos de la naturaleza te ayudarán a entender mejor a tu Creador.
¿Qué puedes descubrir hoy sobre el amor de Dios para ti?

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02 DE FEBRERO

MÁS QUE UN PEQUEÑO AMOR

«Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos» (Salmo 103: 13, NVI).

Antes de la Guerra de Vietnam, el acaudalado señor Fong poseía una fábrica de paraguas en Saigón. Después de la guerra, el nuevo gobierno mudó al señor Fong y a su familia a una pequeña habitación de la que había sido su casa, que ahora pertenecía al gobierno. Las autoridades también tomaron control de la fábrica de paraguas y pusieron al señor Fong a dirigirla. Cuando expropiaron todas las obras de arte y las joyas que poseían los vietnamitas del sur, Fong entregó obedientemente la mayor parte de sus riquezas, pero se quedó con una pequeña parte por si surgía alguna emergencia.
Agradecidos por estar vivos, los Fong se adaptaron a los cambios económicos, a los toques de queda y a las nuevas leyes. Bueno, a todas menos a una. Había una nueva ley que les preocupaba enormemente: todos los varones mayores de doce años debían hacer el servicio militar. Esta ley no afectaba de manera directa al señor Fong, pues era mayor, pero sí afectaba a su único hijo varón.
Los esposos Fong sabían lo que les ocurría a los reclutas. Les ordenaban arrastrarse a través de túneles muy largos y angostos, y encontrar y desactivar bombas y minas dejadas en el terreno por el ejército estadounidense.
Si estos jóvenes lograban regresar a sus hogares tras el servicio militar, generalmente lo hacían sin un brazo o una pierna. Que algo así pudiera ocurrirle a su hijo atormentaba al señor Fong. A medida que se acercaba la hora de que su hijo se alistara, la preocupación del padre aumentaba. Aquel hombre budista decidió que no podía quedarse esperando sin hacer nada. Debía actuar.
Al ver fotos de personas de otros países y culturas, ¿te has preguntado si sienten lo mismo que tú? Es decir, si aman como tú, o sufren como tú. La historia de la familia Fong nos recuerda que la preocupación por los seres amados es universal. Nuestro Creador inculcó en los corazones de todos los seres humanos, sean budistas, cristianos, musulmanes, hinduistas, chinos, franceses o libaneses, el sentimiento de compasión. Solo el pecado puede destruir el amor y la compasión naturales.
(Continuará...)

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03 DE FEBRERO

MÁS PRECIADO QUE EL ORO

«El orgullo de los hijos son sus padres» (Proverbios 17: 6).

El señor Fong decidió que no se quedaría con los brazos cruzados viendo cómo la vida de su hijo era destruida. Trazó un plan para prevenir ese terrible destino. Cuando Tu cumplió once años, su padre contactó a un miembro de un grupo clandestino opuesto al nuevo gobierno, y que conspiraba para derrocarlo.
Estos hombres acordaron sacar al niño del país, pero la operación tenía un precio: la colección de monedas. El señor Fong no lo pensó dos veces. El y su esposa preferían entregar todo lo que tenían y tal vez no ver nunca más a su hijo, que arriesgarse a que Tu muriera o pasara el resto de su vida mutilado.
Fong no tenía ninguna garantía de que los miembros de ese grupo clandestino cumplirían con su parte del trato. No había manera de saber si Tu y los demás refugiados sobrevivirían el viaje en bote hacia su libertad. Pero ni siquiera los riesgos de ahogarse en el mar, de ser descubiertos o de ser asesinados por piratas impedirían que los Fong pagaran el precio de darle a su hijo la única oportunidad de salvar su vida.
Una noche sin luna Fong enfrentaría la prueba más difícil de su vida. Entregar su fábrica, su casa y sus riquezas no se comparaba en nada a esto. Llevó a Tu a un lugar acordado en el bosque y entregó todas sus pertenencias, así como su tesoro más preciado, su hijo, a unos completos desconocidos.
Tu logró escapar de Vietnam. Experimentó todos los horrores que su padre pudo imaginar, y más. Sobrevivió durante dos años en un campo de concentración en Filipinas, antes de emigrar a Estados Unidos, donde un pastor adventista y su esposa lo adoptaron. Gracias a su nueva familia, Tu aprendió a amar a Dios como su Padre celestial.
El recuerdo de un amante padre budista que estuvo dispuesto a sacrificar todo por él le demostró a Tu lo que un padre puede estar dispuesto a hacer para salvar a sus hijos. Si los humanos podemos amar tanto a nuestros hijos como para sacrificar todo para salvarlos, ¿puede alguien dudar del amor de Dios que se manifestó en la cruz del Calvario?

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04 DE FEBRERO

¡RESPÓNDEME!

«Más bien quisiera hablar con el Todopoderoso; me gustaría discutir mi caso con Dios» (Job 13: 3, NVI).

1. ¿Quién bebe por los pies?
2. ¿Qué animal tiene más dientes?
3. Sombra 42
4. Tiene silla y no se sienta.
5. ¿Qué hay en medio de París?
¿Cuántas de estas adivinanzas eres capaz de responder? ¿Te gustaría saber responderlas todas? Si te digo que las respuestas están en la página 265, pero que debes esperar llegar ahí, ¿esperarías? ¿Y si las respuestas no estuvieran en el libro? ¿Te sentirías molesto, engañado, frustrado, o no te importaría?
Si eres como yo, seguro te molestarías. Querrías saber las respuestas ya, ¡no después de leer doscientas y pico páginas!
Ojalá la vida fuera así de fácil, pero lo cierto es que todos tenemos que enfrentar problemas que son más difíciles que simples adivinanzas. Algunos de esos problemas causan dolor, soledad, o lágrimas, y no tienen soluciones sencillas.
Al igual que Job en el versículo de hoy, le preguntamos a Dios por qué nos ocurren estas cosas, y queremos que él nos responda inmediatamente, no al final de la página o en la página 265. ¡Queremos que nos responda ya! A veces Dios nos responde a través de su Palabra, de un sabio consejo, o de un milagro, y nos sentimos satisfechos. Otras veces nos dice: «Espera, que en el momento preciso yo haré todo hermoso». Otras veces nos dice: "No. Yo tengo una solución mucho mejor para tu problema. Mejor de lo que puedas imaginar». Pero en cada respuesta Dios nos dice: «Confía en mí. Ten fe en mi poder y en mi amor por ti».
Cuando hacemos lo que él nos pide, descubrimos como Job que Dios sabe qué es lo mejor para nosotros. En su momento preciso, Dios hace todo hermoso.

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05 DE FEBRERO

UN CARNERO PREOCUPADO

«No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas» (Mateo 6: 34).

Una tarde de domingo, Pat y Ed Bailey estaban sentados viendo televisión en su casa, cuando vieron que un carnero salvaje estaba afuera mirando su propio reflejo en la ventana. Ed tomó su cámara, le tomó una foto y trató de espantarlo antes de regresar al sofá para seguir viendo la televisión. De repente, escucharon un fuerte sonido seco. Pensando que alguien había disparado al carnero, salieron de la casa y vieron al animal corriendo colina arriba.
Nadie le había disparado, sino que él había embestido con sus cuernos su propia imagen en la ventana. «Me imagino que aprendió la lección», dijo Ed mientras regresaban al interior de la casa.
Antes de que cerraran la puerta, Pat miró hacia atrás y dio un grito. El carnero venía corriendo a toda velocidad para embestirla. Aparentemente había subido la colina para tomar impulso. El animal atravesó la ventana y terminó en la sala. Los Bailey tenían un carnero atolondrado y con la nariz sangrante tirado en el medio de la sala.
Como no querían que al carnero se le fuera a ocurrir salir de la casa a través de otra ventana, arrastraron al animal hasta afuera. Allí se despertó y se fue. Este carnero tenía un problema de estrés. Al ver su imagen reflejada en la ventana había creído que otro gran carnero estaba amenazando su seguridad. Al principio se inquietó con el intruso y lo estudió cuidadosamente.
Luego lo atacó. Aún preocupado, decidió atacarlo nuevamente. El resultado de su segunda colisión lo convenció de que no valía la pena el esfuerzo y el dolor.
El ingenuo carnero jamás había escuchado las palabras de Jesús: «No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas». A pesar de que tenía problemas reales que resolver, como cuál sería su próxima comida, decidió preocuparse innecesariamente por el carnero detrás del ventanal.
¿Y tú? ¿Vives inquieto por lo que sucederá mañana? ¿Te preocupa que otra persona sea más popular, más atractiva, o tenga mejores calificaciones? ¿Pierdes energía golpeando tu cabeza contra problemas imaginarios, al punto de que te queda muy poco tiempo o ganas para llegar a ser la persona que Jesús quiere que seas?

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06 DE FEBRERO

MÁS RESPLANDECIENTE QUE UNA SUPERMODELO

«Después bajó Moisés del monte Sinaí llevando las dos tablas de la ley; pero al bajar del monte no se dio cuenta de que su cara resplandecía por haber hablado con el Señor» (Exodo 34: 29).

Kelli, mi hija menor, se presentó delante de mí con su hermoso vestido de satén blanco. Yo había estado trabajando aquella tela durante meses, esperando el momento. El finísimo velo sobre su rostro no podía ocultar el brillo de sus ojos y el fulgor de sus mejillas. Era como si su rostro resplandeciera. Allí estaba Kelli delante de mí, no como mi bebé, sino como una hermosa novia enamorada.
En una década o menos, tal vez tú también te enamorarás de un apuesto joven o de una hermosa señorita. Cuando se aproxime la fecha de tu boda, tus padres se pondrán todos sentimentales y cursis, como nos ocurrió a mi esposo y a mí con Kelli. Y si tú y tu amorcito han llevado su relación como Jesús lo desea, tus padres notarán también en ti ese brillo que produce amar a alguien. Aunque no lo admita, todo niño y niña sueña con enamorarse y casarse con la persona ideal. Eso está bien, y es lo que Dios desea. Desafortunadamente, si inviertes tu tiempo en fantasear sobre cómo lucirá la persona de tus sueños y la manera en que te hará feliz, descuidarás lo más importante: convertirte en el compañero o compañera perfecto, que sepa cómo hacer feliz a su pareja.
Esa es la parte difícil. Es mucho más fácil esperar todo de la otra persona, y justificar nuestros propios caprichos. La mejor manera que conozco de convertirse en un esposo o esposa adorable es enamorándose primero de Jesús. El es el mejor ejemplo de la persona ideal.
Cuando conocemos a Jesús, nos parecemos cada vez más a él. Nos hacemos mejores personas, y más comprensivos. Buscamos maneras de que la gente que nos rodea sea más feliz. Nuestras palabras dejarán de ser hirientes.
Amaremos a nuestra familia y a nuestros amigos sin esperar nada a cambio. Aunque no lo creas, esta es la mejor manera de hacer realidad tus sueños de tener un matrimonio feliz. Convirtiéndote en la persona amorosa que tú esperas para ti, conseguirás que la persona perfecta se enamore de ti.

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07 DE FEBRERO

LA COBRA ESCUPIDORA

«Él, en el momento preciso, todo lo hizo hermoso» (Eclesiastés 3: 11).

Connie odia las serpientes. Dice que son animales malignos, monstruos repugnantes, mutaciones de la creación. Comenzó a odiarlas cuando sus dos primos atrapaban serpientes de jardín y la perseguían con ellas. Para Connie, la única serpiente buena es la que está muerta. Aun así, después de ver una serpiente muerta tiene pesadillas. Cuando sale una serpiente en la televisión, ella cierra los ojos.
Si Connie estuviera caminando por el desierto y se topara con una cobra escupidora, su primera reacción sería matarla. Después de todo, esta cobra escupe un veneno tan poderoso que puede dejar ciega a una persona. Pero aunque ella no supiera nada sobre el poderosísimo veneno de la cobra escupidora, su miedo la llevaría a matarla.
Como Connie evita incluso escuchar la palabra «serpiente», no se ha enterado de que hace poco unos científicos inyectaron el veneno de la cobra escupidora a unos ratones con cáncer. Curiosamente, el veneno destruyó el cáncer y no mató a los ratones. Estos científicos esperan que en un futuro cercano, el veneno de esta cobra pueda ser usado para curar ciertos tipos de cáncer en los seres humanos.
Si Connie estuviera enterada de este descubrimiento científico, y si su mamá tuviera un cáncer que el veneno de la cobra pudiera curar, ¿se apresuraría Connie a matar a la cobra? Tal vez no. Sin embargo, conociendo a mi hermana, sé que seguiría manteniendo una distancia prudencial de su odiada enemiga. L a serpiente no habría cambiado. Solo Connie habría cambiado.
El nuevo tratamiento que podría salvar la vida de su mamá habría cambiado su perspectiva de las cosas. La bestia antes detestable, sería ahora casi milagrosa.
Si Connie hubiera matado a la cobra escupidora antes de enterarse de su potencial para curar el cáncer, lo habría hecho ignorantemente. Si la hubiera matado después de enterarse de que podía salvar la vida de su mamá, habría actuado neciamente. Cuando se ve confrontada, la mayoría de la gente reacciona o agresivamente atacando al enemigo, o huyendo en dirección contraria.
Muy pocos miran las cobras de su vida como una oportunidad para que Dios convierta lo malo en algo hermoso. El ha prometido convertir las adversidades en bendiciones, y los problemas en triunfos. Dios ha prometido que si tan solo su pueblo cree, en el momento preciso hará todo hermoso.

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08 DE FEBRERO

LAS REGLAS DEL JUEGO

«Lo importante es que todos nosotros sigamos las mismas reglas» (Filipenses 3: 16, TLA).

El profesor de gimnasia hizo sonar el silbato. Los chicos de primer año de secundaria hicieron una fila para la clase de educación física. «Bien —dijo el profesor—, hoy vamos a jugar a u n juego nuevo llamado frefre. El objetivo es hacer goles c o n estas pelotas de esponja en ambos lados del campo. ¿Listos?»
—Un momento —dijo uno—. ¿Tenemos que dividirnos en equipos?
—Como ustedes quieran —respondió el profesor.
—Pero ¿cuáles son las reglas? —insistió el alumno.
— No hay reglas —respondió el profesor.
—¿No hay reglas? —dijo otro alumno extrañado—. ¡Tiene que haber reglas!
El profesor de educación física aparentemente no escuchó los últimos comentarios de los chicos, así que ordenó comenzar el juego: «Espero que todos se esfuercen lo más que puedan. L a nota de este trimestre depende de esta actividad», dijo el profesor.
—¡¿Qué?! ¿La nota del trimestre? —dijo alguien—. ¡Eso no es justo! Ni siquiera sabemos qué debemos hacer.
Sin importarle las quejas de sus alumnos, el profesor lanzó las pelotas al aire y salió del campo. Inmediatamente se dio inicio a una lucha sin orden alguno. Cuando una de las pelotas saltó de una de las pilas humanas, el payaso del salón la tomó , salió corriendo con ella a toda velocidad y cruzó la línea de gol.
—¡Muy bien! Tienes la mayor calificación —anunció el profesor.
—¿Qué? —protestó alguien—. ¡No me parece justo!
El resto de la clase expresó su frustración y el profesor comenzó a agitar los brazos para que se calmaran: «Ultimamente, cada vez que juegan baloncesto, fútbol o cualquier otra cosa, no les importa romper las reglas con tal de ganar. Lo que ocurrió hoy demuestra cuan importantes son las reglas para disfrutar del deporte. Sacar buenas calificaciones es más placentero si las obtenemos siguiendo las reglas. E n el hogar todos son más felices si cumplen las reglas. Los negocios, la carrera, e incluso el matrimonio pueden terminar destruidos si no se cumplen las reglas.
—Muy bien, profesor—dijo David—, creo que lo hemos entendido. ¿Podemos jugar a u n verdadero juego ahora? ¡Pero que tenga reglas!

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09 DE FEBRERO

LA SERPIENTE SILBADORA

«Sométanlo todo a prueba y retengan lo bueno. Apártense de toda clase de mal» (I Tesalonicenses 5: 21, 22).

El oro siempre ha sido considerado mágico, y se ha asociado por su color a los poderes del sol. Los pueblos de la antigüedad llamaban al oro «lágrimas del sol» o «sudor del sol». Incluso el símbolo químico del oro, Au, viene de «Aurora», la diosa romana del amanecer. Como era un metal tan poco común y se pensaba que tenía poderes mágicos, los pueblos se pelearon por poseerlo y los reyes medían su poderío por la cantidad de oro que poseyeran.
Llegó un momento en que los reyes encontraron un uso práctico para el oro. Cuando los reyes no morían en el campo de batalla, a menudo eran eliminados por personas ambiciosas de su propio entorno, incluso de su propia familia. La manera más popular de librar a un país de un rey era envenenándolo. ¿Y cuál era el veneno más utilizado? El arsénico. No sabemos si por casualidad, pero se dieron cuenta de que cuando el arsénico es colocado en copas de oro macizo, el oro advierte de su presencia produciendo un silbido como de serpiente y mostrando las tonalidades del arco iris.
Las copas de oro están hechas de electro, una aleación natural de oro y plata sin refinar. Como las copas reales eran moldeadas con golpes de martillo en vez de al fuego, su componente básico de plata y de otros metales e impurezas naturales permanecían en ellas. El veneno liberaba estas impurezas hacia el vino en forma de gases que producían una especie de silbido. Las trazas de hierro en el electro se convertían en óxido de hierro, generando un resplandor con los colores del arco iris. Muchos reyes se salvaron de ser envenenados gracias a este silbido y estos colores.
El arsénico es como los pecados que Satanás usa para destruirnos. Muchas veces no nos damos cuenta de que hemos sido envenenados hasta que ya es demasiado tarde. ¿No sería maravilloso tener una copa de oro que nos advirtiera cuando estamos a punto de hacer algo pecaminoso? De hecho, la tenemos. Podemos saber qué es malo y qué es bueno estudiando el resplandor que puede obtenerse de la Palabra de Dios y escuchando el silbido de la conciencia.

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10 DE FEBRERO

DE PUENTES Y SOPORTES

«Jesús le contestó: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mise puede llegar al Padre"» (Juan 14: 6).

Las personas que atraviesan por primera vez el puente cubierto en dirección a la Academia Adventista Milo de Oregón, Estados Unidos, suelen asustarse por el sonido que hacen las tablas de madera debido al peso de los automóviles. Los de la academia enseguida informan que el puente cuenta con vigas de acero y columnas de concreto, y que no hay nada de qué preocuparse. Durante el otoño y principios del invierno, el río Umpqua fluye lentamente bajo el puente en dirección al valle, donde está ubicado el pueblo de Canyonville, y desde allí al océano Pacífico. Aunque la profundidad del agua debajo del puente podría tener unos doce metros, casi todo el río es poco profundo. La mayor parte del año se puede caminar río arriba o río abajo a través de zarzas, arbustos y vadeando el río.
Al principio de la primavera, sin embargo, se derrite el hielo, haciendo que el río baje por las montañas con una fuerza inusitada. El puente se convierte entonces en la única vía de acceso hacia las instalaciones de la academia. Debajo del puente, el nivel del agua crece hasta casi un metro o metro y medio de distancia de las vigas que lo sostienen. La fuerza del agua hace que troncos de grandes árboles y pinos golpeen el puente. Curiosamente, de junio a febrero los residentes de la escuela juran que su puente es seguro. Sin embargo, durante las primeras crecidas de la primavera, se siente tembloroso. Pero el puente no cambia, solo el flujo del agua del río.
El único puente con el que es posible cruzar desde este mundo de muerte hacia la vida eterna, es Jesús. Él es el camino, la única vía de escape. En esto de la fe en Jesús, ¿eres como los residentes de Milo que cuando el clima es benigno y el agua está calmada, confías en Dios, pero cuando los problemas golpean tu fe dudas de la fortaleza de tu puente? Si es así, afórrate a la promesa de hoy. Jesús dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».
Independientemente del tamaño de tus problemas, él no cambia. Puedes confiar en que él será el mismo hoy, mañana y siempre.

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11 DE FEBRERO

LA LENGUA ES EL CASTIGO DEL CUERPO

«Su conversación debe ser siempre agradable y de buen gusto, y deben saber también cómo contestar a cada uno» (Colosenses 4: 6).

Durante la Guerra Seminóla en Florida, Estados Unidos, el coronel Zachary Taylor y sus soldados se detuvieron en una posada a pasar la noche. Un joven soldado entró al lugar y se acercó a la mesa. Como de costumbre, el coronel Taylor no llevaba su uniforme, sino un saco de confección casera y un sombrero de paja de ala ancha, mientras que el joven usaba un sobretodo de lino para proteger su uniforme.
—Dígame —dijo el joven mientras se sentaba—, ¿cómo están los indios ahora?
—Me parece, señor —respondió Taylor—, que están causando graves problemas.
—¿De verdad piensa eso? —dijo el joven con una actitud un poco altiva—.
Ya lo veremos. Yo soy soldado, y voy para allá a enfrentarlos. ¿Qué le pasa, viejo? Creo que usted y sus amigos están un poco fuera de la realidad.
Taylor declinó seguir conversando con el joven, y salió del lugar con sus acompañantes. Unos días después, el joven se reportó en el cuartel militar para cumplir con su deber, solo para encontrarse cara a cara con el «viejo», ahora vestido de coronel. Horrorizado, el joven no halló la manera de salir del fango en el que se había metido.
El coronel lo escuchó pacientemente y le dijo: «Preste atención, joven. Le voy a dar un consejo. Nunca juzgue a un extraño por la manera en que se viste». Si el extraño hubiera escuchado en vez de soltar sus propias opiniones, se habría dado cuenta rápidamente de quién era el «viejo» con el que estaba hablando, y se habría ahorrado una situación tan embarazosa. El coronel Zachary Taylor terminó convirtiéndose en el duodécimo presidente de Estados Unidos, pero nadie se acuerda del nombre del joven soldado que cometió tamaña indiscreción.
¿Juzgas a la gente por su apariencia? ¿Por su edad? ¿Por su estatura? ¿Por su actitud hacia ti? Si te tomas el tiempo de conocer a las personas, si das a los demás la atención que merecen, descubrirás que los amigos vienen en diferentes empaques. Aprenderás que la vida consiste en mucho más que estar con la gente «correcta» o tener la apariencia «correcta».

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12 DE FEBRERO

SOLO INFORMACIÓN VERAZ

«Concéntrense en todo lo que es verdadero» (Filipenses 4: 8, NTV).

Hoy es el natalicio de Abraham Lincoln, así que daré algunos datos sobre el decimosexto presidente de Estados Unidos que tres estudiantes dieron a sus maestros de historia. Encierra en un círculo si es verdadero o falso.
V o F 1. La madre de Abraham Lincoln murió cuando era una bebé, y él nació en una cabaña de madera que él mismo construyó.
V o F 2. Cuando Lincoln era presidente, solo usaba un sombrero de copa negro.
V o F 3. Lincoln escribió el Discurso de Gettysburg mientras viajaba de Washington a Gettysburg, Pensilvania, en la parte de atrás de un sobre.
Respuestas:
1. ¿Cómo pudo haber muerto su mamá siendo una bebé, y haber tenido a Abraham Lincoln? Y obviamente, nadie ha nacido en una cabaña que haya sido construida por sí mismo.
2. Espero que también haya utilizado otro tipo de sombrero, porque en Washington, la capital de Estados Unidos, hace bastante frío.
3. Por mucho que tratemos de imaginárnoslo, no es fácil visualizar a Abraham Lincoln viajando sobre la parte de atrás de un sobre.
¿Errores tontos? Sí, y podemos reír con ellos porque no causan ningún daño, excepto tal vez a las notas de los tres estudiantes. Sin embargo, una información incorrecta no siempre es tan inocente o graciosa. Los resultados de los errores humanos a veces pueden tener consecuencias irreparables.
Guerras se han iniciado como consecuencia de informaciones incorrectas. El acorazado Maine no cayó víctima de una mina enemiga, como se pensó originalmente, sino que se hundió debido a una explosión en la bodega. A pesar de eso, miles murieron durante la Guerra Hispanoestadounidense, arengados por el grito: «¡Recuerden el Mainel», cuando en realidad no había nada heroico que recordar.
Hay otro tipo de información, conocida como chisme, que también causa mucho daño y destruye la vida de las personas. ¿Qué información errada estás comunicando cada día? ¿Verificas las cosas antes

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13 DE FEBRERO

ES TU DECISIÓN

«Del Señor es el mundo entero, con todo lo que en él hay, con todo lo que en él vive» (Salmo 24:1).

«¡Silencio, por favor! —gritó el director—. Escena uno, toma uno. ¡Acción!». Finalmente ocurría. Estaban grabando el video de Tar Creek. La historia había comenzado en el mes de septiembre, cuando un grupo de escolares de Misuri decidió realizar un estudio científico sobre un problema de contaminación. Las aguas del Tar Creek eran limpias y cristalinas cuando sus padres eran jóvenes, pero ahora estaban sin vida y con un color rojizo.
Después de arreglárselas para llegar hasta el arroyo, y de tomar numerosas muestras de agua, los estudiantes descubrieron que el Tar Creek estaba siendo contaminado por unas viejas minas de plomo y de zinc de las cercanías. Con la ayuda de una televisión local, los jóvenes hicieron un video. Escribieron un guión, eligieron un lugar para grabar, y ellos mismos lo protagonizaron. Grabaron dos posibles finales para la historia: uno que presagiaba un problema de contaminación mucho más grave si la comunidad no actuaba, y otro mostrando los resultados de una descontaminación exitosa del riachuelo.
Los alumnos mostraron su video en un centro comercial, en dos canales de televisión, y en diversas reuniones. La campaña creció al punto de que la comunidad solicitó al estado y al gobierno que los ayudara. El esfuerzo funcionó. Los niños de Tar Creek aprendieron que ellos podían marcar la diferencia. Nosotros somos responsables ante Dios por la manera en que usamos los dones que nos ha dado. No solo por la protección que damos a nuestro cuerpo y nuestra mente, y el uso que damos al tiempo y el dinero, sino también por la protección que damos al medio ambiente. Tú y tus amigos también pueden marcar la diferencia. ¿Hay un terreno baldío cerca de tu casa que necesite ser limpiado? ¿Necesita alguna persona mayor que la ayuden con su jardín? ¿Qué puedes hacer para disminuir el problema de la contaminación? ¿Y de la indigencia?
Tú puedes proteger el tesoro que Dios te ha confiado. Puedes decidir no botar papeles en la calle, o la lata de refresco a un lado de la carretera. Este mundo, que es un regalo maravilloso de Dios, es tuyo. Puedes protegerlo o destruirlo.

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14 DE FEBRERO

EL BESO DE LISZT

«Procuren, pues, tener amor» (I Corintios 14: 1).

Los besos y el Día del Amor y la Amistad armonizan, ¿verdad? Permíteme contarte esta mañana la historia de un beso extraordinario. A los dieciséis años, Andor Foldes, un talentoso pianista de Budapest, Hungría, se sentía muy deprimido cuando conoció al famoso pianista Emil Sauer. Sauer no solo era famoso por su talento con el piano, Sino porque era el único alumno sobreviviente del gran compositor Franz Liszt.
Sauer convino en escuchar tocar a Andor. Andor se propuso tocar las piezas más difíciles de su repertorio: obras de Bach, Beethoven, y Schumann. Cuando terminó su demostración, Sauer lo besó en la frente. «Cuando tenía tu edad, comencé a tomar clases con Liszt —le explicó—. El me besó en la frente después de la primera lección, y me dijo: "Tengo fe en ti, muchacho".
He esperado muchos años para traspasar ese beso sagrado. Eres la primera persona que he conocido que se lo merece». Pero Foldes legó en Sauer más que un beso. El beso de Liszt le inspiró una confianza renovada y dio propósito a su vida.
Al igual que el joven pianista, los muchachos de hoy necesitan la inspiración de un «beso de Liszt». No es fácil vivir con las presiones de la escuela, el grupo y el acné. Las madres también necesitan besos de Liszt: el trabajo, las labores del hogar y las miles de cosas que hacen y que a veces no notamos, es agotador. Los padres muchas veces sienten que son amados solo por el dinero que traen a casa; también necesitan besos de Liszt. Entre hermanos y hermanas, un beso de Liszt podría ser un pequeño golpecito cariñoso en el hombro, ofrecerse para hacer una tarea de la casa que le corresponda al otro..., el resultado final siempre será el mismo. El mensaje es:
«Eres fabuloso».
Aunque no lo creas, incluso los maestros se animan cuando sus alumnos les dan besos de Liszt. Un simple «gracias», o «disfruté hoy de su clase» puede marcar la diferencia ese día. Un beso de Liszt es un regalo que los fabricantes de corazones de chocolate, tarjetas de felicitación, arreglos florales y perfumes no pueden empacar. Un beso de Liszt el algo que solo tú puedes dar. Pero el secreto está en la sinceridad con que lo des. En esto no se puede fingir.

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15 DE FEBRERO

CÓMO CAMBIAR EL CLIMA

«La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste» (Juan 17: 3).

Se dice que no es posible cambiar el clima. Yo viví en dos lugares en los que hablar del clima era perder el tiempo. En Portland, Oregón, desde noviembre hasta abril es absurdo hablar del clima, ya que es la temporada de lluvias y todo el tiempo está lloviendo. El otro lugar es Albuquerque, Nuevo México. El sol brilla allí los 365 días del año. Es tan seguro que el sol brillará sobre un lugar llamado Sandía Crest que el periódico local promete regalar el ejemplar del día si el sol deja de brillar al menos durante un rato. Jamás se ha visto obligado cumplir su promesa.
Mi esposo, que es científico y matemático, disfruta convirtiendo cada faceta de la vida en ecuaciones. Si le preguntas: ¿Cómo crearías una ecuación para el clima? Su respuesta sería: aire + agua + sol = clima. Sencillo, ¿verdad? Pero si es tan sencillo, ¿cómo es que nadie ha desarrollado una manera de controlar, o al menos predecir con exactitud, el comportamiento de esos tres pequeños elementos? Con todos los adelantos tecnológicos y científicos, los huracanes continúan haciendo estragos, los tornados destruyendo ciudades y la lluvia mojando nuestras salidas. Hoy mismo la calle está llena de ramas y escombros por una inesperada lluvia con vientos huracanados que hubo anoche.
El pecado también es sencillo. Explicado con una ecuación, sería algo así como: ser humano + tentación + acción = pecado. Pero en este caso sí hay algo que nosotros podemos hacer.
En cada noticiero oímos hablar de la violencia y la destrucción que el pecado produce. A pesar de que se castigan pecados como el asesinato, el robo y lo mentira, las leyes fracasan en acabar con esos pecados. Es como el clima: todo el mundo habla de él, pero nadie puede cambiarlo. Por eso Dios dio con la fórmula ganadora: controlar el pecado. Mira el versículo de hoy.
Si lo reducimos a una ecuación matemática, sería: Jesús + arrepentimiento + perdón = vida eterna. Aunque yo no sepa nada de matemáticas, puedo entender perfectamente la solución de Dios para el problema del pecado y me encanta. ¿Y a ti?

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16 DE FEBRERO

SOLO HAZLO

«Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo» (Mateo 25: 34).

Una famosa marca de calzado deportivo utiliza el lema «Solo hazlo» en sus anuncios publicitarios. Estoy segura de que no estaban pensando en Agnes Bojaxhiu cuando escogieron este lema. ¿Que quién es Agnes Bojaxhiu? La ganadora del premio Nobel de la paz de 1979. ¿Qué hizo para merecer tan alto honor? ¿Negoció algún tratado nuclear? ¿Marchó en protesta contra alguna dictadura? Ahora lo vas a saber...
Mejor conocida como Madre Teresa, esta mujer decidió vivir y trabajar en los barrios marginales de Calcuta, en la India, para ayudar a los habitantes de ese lugar. Cuando la prensa le preguntó por qué lo hacía, la Madre Teresa, una pequeña monja católica, respondió: «Por la alegría de amar y ser amada».
El mundo no puede entender a una mujer como la Madre Teresa. En una ocasión, un hombre le dijo que también él tenía la vocación de trabajar para los leprosos. Ella se quedó mirándolo y le contestó: «Su vocación no es trabajar para los leprosos. Su vocación es pertenecer a Jesús». Un día Jesús regresará a la tierra para llevarse a sus hijos con él. Sean católicos, bautistas, judíos o adventistas, niños, jóvenes, hombres o mujeres, el reino de los cielos los espera.
Tal vez dirás: «Yo amo a Jesús, pero no me es posible ir a la India o a África como misionero. ¿Qué puedo hacer?». Piensa. Sé creativo. Un chico comenzó a distribuir cobijas entre los indigentes. Otros chicos de la escuela se ofrecieron como voluntarios para ayudar en un comedor público una vez a la semana. Algunos han «adoptado» a una abuela o abuelo de una residencia de ancianos de sus comunidad. Otros han ayudado a niños más pequeños a aprender a leer, o se han ofrecido como hermanos mayores a niños que no tienen familia. Aunque sus actividades varían, todos tienen algo en común: no se quedan sentados preguntándose qué pueden hacer, sino que buscan un lugar en el que se los necesite y ayudan. «Solo hazlo».

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17 DE FEBRERO

POLICÍAS Y LADRONES

«Por fe, Moisés, cuando ya fue hombre, no quiso llamarse hijo de la hija del faraón; prefirió ser maltratado junto con el pueblo de Dios, a gozar por un tiempo los placeres del pecado» (Hebreos 11: 24, 25).

¿Has jugado a policías y ladrones, o a su versión más sencilla, conocida como «el escondite»? No eres el único. Este juego nació en Egipto, antes de que Moisés naciera. Los faraones del antiguo Egipto creían que al morir necesitarían todos los lujos y comodidades que habían disfrutado cuando estaban vivos, así que sepultaban en sus pirámides tesoros de oro, plata y joyas. Incluso sus caballos y sus esclavos eran sepultados con ellos para que pudieran disfrutarlos en el más allá. A los ladrones también les parecía que eso de enterrar los tesoros era una buena idea, así podían aprovecharse de la situación.
En una versión violenta de «el escondite», los sacerdotes escogidos para proteger las riquezas del faraón perseguían a los ladrones por tenebrosos parajes y angostos pasadizos que llevaban a las cámaras de los muertos. Existe evidencia en las rocas y las cámaras vacías del Valle de los Reyes de que se libraron feroces batallas entre «policías y ladrones» por el oro de las tumbas reales.
Una de las tumbas fue camuflada tan cuidadosamente que permaneció intacta durante más de mil años. Es la tumba del joven faraón Tutankamón.
Momificado alrededor de 1340 a. C , el rostro del joven gobernante fue cubierto con una máscara de oro, y su cuerpo decorado con un collar, un cinturón, tobilleras y brazaletes de oro. Sus dedos llevaban protectores de oro. Cientos de amuletos y talismanes estaban enrollados junto a su cuerpo, que estaba dentro de un sarcófago de oro macizo, protegido por más oro todavía. En las otras cámaras de la tumba había camas de oro, tronos, cofres, carros, figuras, ídolos, e incluso juguetes que estaban destinados para su uso.
Tanto oro junto, y el pobre faraón jamás pudo disfrutarlo. Para Tutankamón, su riqueza terminó con su último suspiro. Del versículo de hoy podemos suponer que Moisés sabía algo que los faraones de Egipto ignoraban. ¿Sabes que era?
(Continuará&hellipwinking

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18 DE FEBRERO

PENSAMIENTO ADELANTADO

«[Moisés] consideró de más valor sufrir la deshonra del Mesías que gozar de la riqueza de Egipto; porque tenía la vista puesta en la recompensa que Dios le había de dar» (Hebreos 11: 26).

Repasemos algunas de las cosas que se encontraron en la tumba de Tutankamón. Su rostro estaba cubierto por una máscara de oro; su cuerpo decorado con un collar, brazaletes y tobilleras de oro; sus dedos llevaban protectores de oro. Cientos de amuletos estaban enrollados junto a su cuerpo momificado, el cual estaba dentro de un sarcófago de oro macizo de más de mil kilos. En las otras cámaras de la tumba había camas de oro, tronos, cofres, carros, figuras, ídolos, e incluso juguetes que estaban destinados para su uso.
La tumba de Tutankamón permaneció oculta hasta 1922, cuando Lord Carnarvon y Howard Cárter descubrieron tan maravilloso tesoro. A pesar de que los dos arqueólogos se hicieron famosos por el hallazgo, tuvieron que entregar su descubrimiento al gobierno egipcio. Piensa en esto: Moisés pudo haber disfrutado de un tesoro igual. Si hubiera permanecido en Egipto habría sido momificado y sepultado entre una impresionante provisión de oro. Pero escogió guiar a un grupo de personas rebeldes y resentidas hasta la frontera de la tierra prometida, y allí murió solo en una montaña.
¡Pero la historia no termina ahí! Poco tiempo después de haber sido sepultado, la tumba de Moisés fue robada, no para llevarse una inmensa fortuna, sino para llevarse al mismo Moisés.
Jesús, el Creador de todas las cosas, fue quien levantó a su siervo Moisés de entre los muertos para vida eterna. Moisés tomó una sabia decisión, ¿no te parece? Después de todo, sea de oro o de madera, un ataúd es un ataúd, y solo sirve para guardar los huesos de un muerto, mientras que Moisés vive y camina por las calles de oro del cielo.
Jesús vino a esta tierra a robar tumbas. Él dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10: 10). Es posible que tu decisión de seguir a Dios no sea tan difícil como la de Moisés, pero el desenlace podría ser el mismo.

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19 DE FEBRERO

ANITA, LA HUERFANITA

«No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes» (Juan 14: 18).

El inmenso edificio de ladrillo rojo del orfanato se iba haciendo más tenebroso a medida que me iba acurrucando en el asiento trasero del vehículo. Temblaba cuando la reja de hierro se cerraba detrás de nosotros. Siempre quería que mi papá terminara rápido lo que tenía que hacer y regresara al vehículo. Mi papá, que era pintor, hacía trabajos en el orfanato durante el invierno. A veces me llevaba con él cuando iba a buscar su pago. A pesar de que solo tenía cinco años, yo sabía que el orfanato era un lugar al que iban los niños que no tenían padres. Aunque yo tenía dos padres que me amaban, me aterraba la idea de quedarme atrapada en el orfanato. ¿Y si al entrar en aquella casona por alguna razón terminaba separada de mi papá? ¿Y si mi papá se olvidaba de mí y me dejaba allí? ¿Y si una niña mala me encerraba, se hacía pasar por mí, y se marchaba con mi papá? Qué locuras se me ocurrían, ¿verdad? Pero en mi imaginación de niña todo era posible.
Cuando crecí descubrí la verdad sobre la palabra «orfanato», y entendí que aunque ocurriera lo peor, yo jamás sería huérfana. ¿Sabes por qué? Porque amo a Dios y él me ama a mí. Eso me hace ser hermana de Jesús, e hija del Rey del universo. Mi bautismo fue la firma oficial de mis papeles de adopción.
Mi papá murió hace años, y lo extraño mucho. Extraño caminar con él, bromear con él, jugar con él los sábados en la noche y sentarme a su lado en la iglesia. Pero a pesar de que mi papá ya no está, no estoy sola. Mi Padre celestial me asegura que jamás seré huérfana, a menos que yo escoja serlo.
Cuando decidí bautizarme, la corte celestial procesó mi solicitud de adopción. Ese día me convertí en miembro oficial de la familia de Dios, con todos los derechos y privilegios que conlleva ese honor. No sé por qué algunos niños dudan en bautizarse. ¿Qué motivo podría tener alguien para decidir continuar siendo un huérfano atrapado detrás de la reja de hierro de un orfanato, o del planeta Tierra?

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20 DE FEBRERO

UN DIALECTO CRISTIANO

«Seguro que tú también eres uno de ellos. Hasta en tu manera de hablar se te nota» (Mateo 26: 73).

Cuando Harry abre su boca para hablar, inmediatamente te das cuenta de que es de Nueva York. Nacido y criado en Brooklyn, Harry viaja todos los días al centro de Manhattan a trabajar. De Brooklyn a Manhattan, y de Manhattan a Brooklyn. Esa es toda la experiencia turística de Harry, con excepción de su luna de miel, que la pasó en Atlantic City, Nueva Jersey, a dos horas de allí.
Harry nunca ha caminado por las playas del Caribe, ni disfrutado del aroma de las flores que crecen en los Alpes, en Europa. Jamás ha arrancado una naranja de un naranjo de Florida, ni se ha estirado para poder ver la copa de una secuoya. En realidad, a él no le interesa mucho. Nunca ha estado en el Gran Cañón, y, si le preguntas, te dirá: «¿Para qué voy a ir? ¡Allí no vive nadie!».
Harry no cree que se pierda nada, porque para él la ciudad es su mundo. Trabaja como guía turístico en un autobús. Le encanta el bullicio del tráfico y la vitalidad de la gente caminando de un lado para otro. El trabajo de Harry consiste en convencer a los deslumbrados turistas que llegan de lugares lejanos como Tokio de que se suban a su autobús para llevarlos a ver la Estatua de la Libertad y Manhattan. En eso él es muy bueno.
A través de los años, Harry ha desarrollado un talento especial: adivinar de dónde es cada persona por su acento. Aunque un estadounidense promedio podría reconocer a alguien que llegue de Australia o Inglaterra, Harry puede decir sin equivocarse de qué país es cada visitante. ¡A veces incluso va más allá e identifica los diferentes lugares en los que la persona ha vivido!  Nuestro hablar nos delata.
El versículo de hoy nos dice que la gente reconoció, por la manera de hablar de Pedro, que él también era de Galilea como Jesús. Aunque Pedro trató de negarlo, cada vez que abría la boca para hablar revelaba que había estado con Jesús. ¿Puede un extraño reconocer por tu manera de hablar que has estado con Jesús? ¿Vives tan cerca del Salvador que adonde vayas la gente podría darse cuenta de que eres un ciudadano del reino de Dios?

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21 DE FEBRERO

SOLO UN PEQUEÑO GUSANO

«Ante ti has puesto nuestras iniquidades; a la luz de tu presencia, nuestros pecados secretos» (Salmo 90: 8, NVI).

El otro día mi doctor me contó una historia que me gustaría compartir contigo. Un señor estaba experimentando mucho dolor en el abdomen, y el médico le recomendó operarse. Cuando llegó al quirófano, fue anestesiado, y un equipo de médicos y enfermeras observaban mientras el cirujano hacía la primera incisión. Seguidamente, el especialista hizo la segunda incisión, esta vez en la pared del intestino grueso. Después de limpiar el área y apartar las arterias, ocurrió algo sumamente inusual. El equipo médico se quedó pasmado cuando de repente un gusano de más de tres metros de largo comenzó a salir por la incisión. ¿Cómo era posible algo así? ¿Cómo había llegado allí aquel gigantesco gusano? ¿Cómo es que el ácido del estómago no lo había matado?
Tiempo después el médico se enteró de que a ese paciente le encantaba comer sushi, una comida japonesa que suele hacerse con pescado crudo. Al parecer, el hombre había ingerido una porción de pescado crudo contaminado con la larva de este gusano. Por alguna extraña razón, la larva sobrevivió el viaje por el sistema digestivo y se instaló en el intestino grueso. La larva maduró y creció hasta alcanzar más de tres metros de largo. ¡Con razón a este señor le dolía el estómago!
«¡Qué asco! —dirás tú — . Qué historia tan desagradable. Primeramente, comer pescado crudo, y después terminar con un gusano gigantesco viviendo dentro de ti». Esto me recuerda algo que la Biblia define como «pecados secretos». Ya sabes a lo que me refiero, los pecados que cometemos cuando nadie nos ve. En vez de crecer en los intestinos, crecen en la mente. Primero parecen insignificantes, pero van creciendo hasta destruirte.
Mentiras, pensamientos impuros y odio son algunas de las larvas que pueden crecer en la mente de una persona hasta que finalmente la destruyen. ¿Qué otros pecados secretos podemos cometer pensando que nadie se dará cuenta? Al igual que el amante del sushi de la historia de hoy, tarde o temprano los horribles gusanos de Satanás terminan causando mucho dolor. ¡Te lo aseguro!

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22 DE FEBRERO

CON LA AUTOESTIMA EN ALTO

«Les ruego que se porten como deben hacerlo los que han sido llamados por Dios» (Efesios 4: I).

Un joven desgarbado esperaba sentado en la oficina del presidente de una empresa de Wall Street. El joven sostenía sobre su regazo un extraño aparato. Después de explicar cómo funcionaba su invento, Edison, de veintidós años, se lo ofreció al empresario. « ¿ Cuánto quieres por él?», preguntó el astuto hombre de negocios. Edison pensó durante unos instantes, pues no tenía idea de cuánto podía costar su invento. Se trataba de un teletipo bursátil que podía mantener a los corredores de bolsa informados sobre los preíos de las acciones en el mercado de valores. El joven inventor frunció el ceño. ¿Podría pedir tres mil dólares? ¿Quizás cinco mil? « ¿Cuánto me ofrece?», preguntó tímidamente Edison. No podía salir de su asombro cuando, tras examinar la máquina, el empresario le ofreció cuarenta mil dólares. Thomas Alva Edison había estado a punto de vender su invento y de venderse a sí mismo por mucho menos de su valor.
Por falsa modestia o ignorancia, muchos cristianos terminan vendiéndose por mucho menos de su valor. E n vez de honrar a su Padre celestial por Ios talentos que les ha dado, se rebajan a sí mismos o las cosas que pueden lograr. Los cristianos deben tener su autoestima en alto, no por lo que han hecho, sino por lo que Dios ha hecho por ellos y a través de ellos. Dios dio el mayor regalo que pudiera dar por ti: su Hijo Jesús . Piensa en lo valioso que debes ser para que haya hecho eso. ¿No te anima ese sacrificio a levantar la cabeza, erguir los hombros y estar orgulloso? En este mundo que celebra las mentiras, la verdad es ridiculizada y la trampa recompensada, una persona honesta sobresale entre la multitud. Elena G. de White escribió: «La mayor necesidad del mundo es la de [personas] [...] que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos» (La educación, cap. 7, p. 54). ¡Eso es darse cuenta del verdadero valor que tenemos! Es negarnos a vendernos barato. Es portarnos como debemos hacerlo. Es tener la autoestima en alto por Dios.
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23 DE FEBRERO

MÁS QUE UN QUITAMANCHAS

«Pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo» (Ezequiel 36: 26).

Jenny hurgó entre la ropa recién lavada hasta encontrar su blusa nueva. La mancha de salsa de tomate, mayonesa y grasa aún era visible desde el borde del cuello hasta el pliegue de abajo. En el cumpleaños de Kari, Jenny y Jeff habían chocado en el pasillo, lanzándose cada uno la comida del otro encima. Ella se fue a casa a lavarse inmediatamente la blusa, pero la mancha se había aferrado fuertemente a las delicadas fibras de la tela. Desesperada, roció la parte manchada con un quitamanchas, pero sin resultado.
«Sea como sea —dijo Jenny mientras restregaba la blusa—, esta mancha no me va a ganar». Cuando se detuvo para ver cómo iba el proceso, la mancha parecía estar más clara. «La voy a restregar un poco más fuerte», pensó. Después de unos minutos, la tela se había roto. Adiós a su blusa. Ya no servía para nada. Tal vez remendándola podría seguir usándola para limpiar en casa, pero ya no para ocasiones especiales. La blusa de Jenny estaba manchada con salsa de tomate y grasa, pero la Biblia dice que nuestro corazón está manchado con el pecado. Cuando aceptas a Jesús, él te da un corazón nuevo. Es posible que durante un tiempo lo mantengas impecablemente limpio, pero tarde o temprano chocarás con otras personas o quizá contigo mismo. Esos choques dejarán manchas por todo tu corazón. Tratarás de restregar esas horribles manchas, pero por mucho que lo intentes, se quedarán aferradas a la tela de tu corazón. De hecho, en vez de tener una sola gran mancha, ese corazón que una vez fue perfecto quedará raído y lleno de huecos.
Con desesperación, le dirás a Jesús: «Perdóname por haber arruinado el corazón que me diste. ¿Puedes repararlo, por favor?». El Creador de corazones perfectos niega con la cabeza. Ni siquiera él puede reparar un corazón destruido. Si la historia terminara ahí, todo estaría perdido. No habría esperanza.
Pero una sonrisa se dibuja en el rostro del Salvador mientras te entrega otro corazón completamente nuevo, perfecto y hermoso. El no repara uno imperfecto o defectuoso, sino que te regala uno nuevo, por el simple hecho de habérselo pedido.
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24 DE FEBRERO

EL «AMIGO» DE MIGUEL

Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5: 29).

Cuando Miguel entregó su corazón a Jesús se dio cuenta de que tendría que hacer cambios en su vida. Primero sacó de su armario y de debajo del colchón todas esas revistas que tenía escondidas. Después examinó su colección musical. De repente dejaron de gustarle las canciones de bandas de rock duro. Ricardo, un amigo de Miguel, notó los cambios y comenzó a burlarse de él.
"Me imagino que lo siguiente es hacerte amigo de los más raros de la clase», le dijo. Esa noche, antes de irse a dormir, Miguel recordaba las palabras de Ricardo. Mientras hacía el culto y se arrodillaba a orar, Miguel pensaba en la cara de Nicolás. «Señor, por favor —pidió—. No quiero ser amigo de Nicolás». A nadie en la escuela le gustaba Nicolás. No había ser humano más antisocial.
Nadie podía acercarse a ese gallo de pelea durante más de cinco minutos sin Sin que comenzara a buscar líos, burlarse o discutir. El preceptor de varones siempre tenía que rescatar a Nicolás de los chicos más grandes, a quienes muchas veces sacaba de sus casillas.
A la mañana siguiente, Miguel entendió que al menos tendría que hacer un esfuerzo para ser amigable con el problemático. Desde ese día se convirtió en el protector de Nicolás, sin recibir el más mínimo agradecimiento de parte de él. Por el contrario, Nicolás comenzó a tratar a Miguel peor que a los demás.
Cuando Ricardo le preguntó a Miguel por qué estaba haciendo eso, Miguel le respondió: «Porque es lo correcto. ¿De qué vale creer en algo si uno no lo pone en práctica?». Pero los días de Nicolás en la academia estaban contados. Al poco tiempo, la institución sugirió a sus padres que buscaran otra escuela. La noche anterior al último día de Nicolás en el internado, Miguel lo ayudó a recoger sus cosas. Mientras ambos se esforzaban en cerrar una maleta, Nicolás le preguntó:
«¿Por qué has sido tan bueno conmigo? Sé que no te caigo bien». Miguel le respondió: «Tienes razón, no me caes bien. Pero Dios me pidió que te amara, y voy a hacerlo». Nicolás miró a Miguel, carraspeó, y le dijo: «No entiendo».
«Algún día lo entenderás —dijo Miguel—. Estoy seguro».

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25 DE FEBRERO

LIMPIANDO VENTANAS

¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo?» (Mateo 7: 3).

Limpiar ventanas no es una tarea envidiable, pero si lo hacemos junto a otra persona, se hace más llevadero. Los viernes en la tarde, mi hija Kelli y yo tomamos trapos viejos y un limpiacristales, y comenzamos a sacarles la suciedad a los vidrios de las puertas corredizas que dan al patio. Ella los limpia por fuera y yo por dentro. A los pocos minutos, vidrios cristalinos reemplazan los vidrios manchados por nuestro perro.
En un ocasión en que me eché hacia atrás para inspeccionar nuestro trabajo, me di cuenta de una mancha que Kelli había pasado por alto. Toe, toe, toe. Toqué el vidrio, sonreí y le señalé la mancha. «Está del lado tuyo, mamá», dijo ella sonriendo. «No. Está de tu lado», le dije, tocando el vidrio nuevamente para que se fijara bien. Negando con la cabeza, Kelli restregó la mancha.
Echándose hacia atrás para mirar, apuntó hacia el vidrio y dijo: «Aún está ahí». «Mira —le dije abriendo la puerta y saliendo a donde ella estaba—. Déjame demostrártelo. No estás dándole lo suficientemente bien». Comencé a restregar la mancha, y le eché una mirada cuidadosa desde afuera. Sin decir más nada, entré nuevamente y comencé a limpiar la mancha por dentro. Finalmente el vidrio quedó limpio. Por mucho que lo intenté, no pude evitar la mirada de satisfacción de Kelli desde el otro lado de nuestra cristalina barrera. ¿Por qué es siempre tan fácil identificar los errores de los demás y dejar de reconocer los nuestros? Jesús nos advirtió en relación a esto: «¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo?».
Kelli y yo vimos la misma mancha desde diferentes lados del vidrio. La próxima vez que lo limpiemos juntas, trataré de ahorrarme la vergüenza y su sonrisita burlona frotando un poco más fuerte la mancha antes de culparla a ella. Me pregunto si no podría aplicar también esta enseñanza a otras cosas, aparte de los vidrios. Dime tú ahora, ¿seguro que las manchas que ves en los demás no las tienes tú también? ¿Analizas tus errores para no volver a cometerlos o te gusta más analizar los errores de los demás? Toma nota de mi experiencia y aprende la lección.

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26 DE FEBRERO

EN ESPERA

«El Señor me escucha cuando lo llamo» (Salmo 4: 3).

El sábado pasado fui a una cena en la iglesia. Mientras comía, mordí una cascara de nuez. Miré alrededor para asegurarme de que nadie me estaba viendo, y escupí la cascara en una servilleta que tenía en la mano. Para mi sorpresa, no solo escupí la cascara, sino también un pedazo de diente. Lo primero que hice el lunes en la mañana fue llamar al dentista. El teléfono repicó tres veces: «Oficina del doctor Stafford, buenos días —contestó una voz al otro lado de la línea—. ¿Puedo ponerla en espera?».
Antes de que yo pudiera responder, comenzó a sonar una espantosa música como de ascensor. Era para decirle: «No. No quiero que me ponga en espera. Si quisiera escuchar música cursi, habría encendido la radio, no la hubiera llamado a usted». Tras sesenta segundos, la recepcionista regresó a la línea con un amigable: «Gracias por esperar. ¿Cómo puedo ayudarla?». Concerté una cita tratando de utilizar mi tono de voz más dulce y amigable.
Aunque no le dije a la recepcionista cómo me sentía, en realidad me molestó que me hubiera puesto en espera. Aquella llamada era de suma importancia para mí, y creo que no debió haber sido desdeñada por otra llamada menos importante.
Mi hija Rhonda trabajó como operadora telefónica para un banco. Según me contaba, solía pasar que en un solo momento entraban diferentes llamadas. El botón para poner las llamadas en espera era para ella un alivio. Sus anécdotas de clientes frustrados y de operadoras preocupadas me ayudaron a comprender mejor por lo que pasan las recepcionistas. Rhonda me ayudó a ver de una manera diferente el hecho de que a uno lo pongan en espera.
Ahora, en vez de molestarme cuando me ponen en espera, pienso en Dios y su increíble sistema de comunicaciones, y le doy gracias. El nunca me pone en espera, por muchas llamadas entrantes que tenga. Siempre está ahí para mí, a solo una oración de distancia.

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27 DE FEBRERO

EL OSITO LIMTEPUMA

«Sean humildes y amables; tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor» (Efesios 4: 2).

Rhonda y su amiga Lori se subieron al vehículo y se colocaron los cinturones de seguridad. Lori se puso cómoda mientras Rhonda encendió el motor y salió hacia el tráfico vespertino. Lori notó un pequeño oso de peluche que estaba en el tablero. «¿Qué es eso?», preguntó. «Ese es mi amigo Limtepuma », respondió Rhonda. «¿Limtepuma? ¿Por qué le pusieron ese nombre tan feo a un osito tan lindo?», comentó Lori defendiendo al peludo pasajero.
«Es un nombre compuesto con la frase "La impaciencia te puede matar" —contestó Rhonda—. Se lo puso mi mamá para recordarnos a Kelli y a mí que debemos manejar cuidadosamente».
«¡Qué bueno está eso! Limtepuma: La impaciencia te puede matar. Me gusta mucho», dijo Lori sonriendo. «¿Y sabes qué es lo más gracioso? —preguntó Rhonda entre risas— que creo que Limtepuma también ha ayudado a mi mamá y a mi papá a ser más pacientes al manejar».
La lección del osito va más allá de la paciencia que debemos tener al manejar. La impaciencia también te puede matar en tu casa tan fácil como podría hacerlo en tu vehículo. Un gruñón puede matar un buen momento que todos estén pasando. Un comentario sarcástico puede matar una amistad.
Un comentario hiriente puede matar el respeto. Un mal carácter continuo puede matar el amor. La impaciencia de otra persona mató la espiritualidad de Angie. Angie dejó de asistir al grupo de jóvenes y a la iglesia porque el director se la pasaba perdiendo la paciencia con su esposa durante las actividades de los sábados en la noche. Angie admiraba a aquella mujer. El hecho de que el pastor de jóvenes tratara de esa manera a su esposa delante de los chicos le molestó tanto a Angie que decidió no asistir más a la iglesia.
Es en este tipo de cosas que el cristianismo debe convertirse en algo más que un simple ejercicio sabático. Es en los detalles donde los cristianos deben ser pacientes. En el caso de Angie, ni todos los sermones del mundo pudieron deshacer las duras palabras que el pastor de jóvenes había expresado a su esposa.

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28 DE FEBRERO

LA OTRA CARA DE LIMTEPUMA

«En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Calatas 5: 22, 23).

Una de mis cantantes cristianas favoritas es Sandy Patty. Hace un tiempo, mi familia y yo fuimos a un concierto suyo en el Coliseo de Portland, Estados Unidos. Asistir a una actividad cultural o deportiva en este coliseo implica pasar por una prueba de fuego: el estacionamiento es limitado, y hay pocas salidas. Afortunadamente, llegamos lo suficientemente temprano como para encontrar un parqueo a una distancia cercana del auditorio. Disfrutamos del recital hasta el final, y entonces nos dirigimos a buscar nuestro vehículo.
Al ver la multitud de personas que caminaban hacia las salidas, mi esposo dijo, preocupado: «Aquí vamos a durar al menos una hora tratando de salir». Nos apresuramos hacia el vehículo, y ya en él buscamos rápidamente la fila de salida. Para nuestra sorpresa, no hubo una larga espera ni vehículos apretujándose para poder entrar a la fila desde las diferentes direcciones. Más bien, los conductores se cedían el paso mientras iban saliendo. Las únicas paradas ocurrían cuando dos vehículos intentaban ingresar a la fila principal desde dos direcciones distintas y pausaban para cederse el paso educadamente.
Menos de diez minutos después de haber finalizado el concierto, ya estábamos en la autopista en dirección a casa. Desde ese momento, cada vez que en la casa hablamos de cristianismo en acción, recordamos el concierto de Sandy Patty. El don de la paciencia es cristianismo en acción.
Limtepuma, el osito de la lectura de ayer, puede ayudarte a ser un conductor más paciente, pero no a ser un cristiano paciente. Solo el Espíritu Santo puede hacer eso. Y lo hará si se lo pides.

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FUENTE:
* Agradecimeinto a Ministerio Daniel Ramos

Dios los bendiga!!!

1 comentarios:

  1. podrian subir el resto del mes de enero por favor... Dlb

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